La Bendición de diezmar (de ofrendar, dar a Dios llámalo como quieras)

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“TRAED TODOS LOS DIEZMOS AL ALFOLÍ… PROBADME AHORA EN ESTO…” (Malaquías 3:10)

Un pastor recibió la siguiente carta de un matrimonio de su congregación: “Estábamos atrasados con los pagos del alquiler y del coche. Teníamos cuarenta mil dólares de deuda, sin comida en el frigorífico y acabamos de empezar un negocio de construcción. Así que, cuando usted nos retó a diezmar como parte de nuestro compromiso como creyentes, pensamos: ‘¿Cómo podemos dar lo que no tenemos’. Sin embargo, decidimos seguir adelante y honrar a Dios, dándole la primera décima parte de nuestros ingresos.

Durante la primera semana conocimos a un contratista que nos pidió que edificáramos una casa, para construir más adelante. Ya no nos preguntábamos cómo íbamos a poder cumplir nuestro compromiso con Dios; de hecho, ¡incrementamos nuestra ofrenda! Y si la historia hubiera terminado allí, aún sería muy buena. Pero ¡no puedes dar más a Dios de lo que Él te da a ti! A través de una serie de eventos divinamente orquestados, pasamos de ser inquilinos a ser los dueños de una casa. Hoy estamos disfrutando bendiciones económicas. Y aunque esta historia trata acerca de confiar en Dios, reflexionando, todavía intentamos contestar a esta pregunta: ‘¿Qué es exactamente lo que sacrificamosí’”.

Ten cuidado en no desarrollar un “sentido de derecho”, pensando que tu dinero es algo que ganaste tú “solito”. En cualquier momento que te cueste dar al Señor lo que le pertenece legítimamente es porque has llegado a estar más pegado a la dádiva que al Dador. El Señor dijo:Traed todos los diezmos al alfolí… a ver si no os abro las ventanas de los Cielos y derramo sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”

(Malaquías 3:10). ¿Estás listo hoy para probarle en este desafío?