La Dependencia total de Dios

the_cross_162“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; «(2 Corintios 12:7)

Imagina cuatro anillos de acero. El primero puede soportar hasta cuarenta kilogramos, el segundo hasta treinta, el tercero hasta veinte y el cuarto hasta diez. Cuando están unidos, ¿cuál es el peso más grande que puede soportar la cadena? ¿Cien kilo sí ¡No! Una cadena es tan fuerte como el eslabón más débil, así que la respuesta es: diez…

Eso mismo se aplica a nosotros; somos tan vulnerables como nuestras áreas más débiles. Por eso intentamos -en regla general- disculpar o ignorarlas. Pero esto es peligroso, porque cuando confías en tus propios recursos, empiezas a pensar que lo puedes manejar todo tú solo. Pablo pasó la primera mitad de su vida sirviendo a Dios conforme sabía hacerlo mejor – con resultados desastrosos. A pesar de su gran habilidad, tuvo que aprender a confiar en Dios. Escucha: “Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:9b). Impedimentos, incapacidades y obstáculos son los obsequios de Dios para los autosuficientes. Él no consentirá que utilices tu debilidad como apoyo o para que abandones tus responsabilidades, pero la permitirá para mantenerte dependiente de Él.

Por eso, Pablo escribió: “…me fue dado un aguijón en mi carne…, para que no me enaltezca…” (2 Corintios 12:7). El Señor te mantendrá en contacto con tus limitaciones. ¿Por qué? ¿Para hacer que pases vergüenza? No, ¡para capacitarte a hacer su voluntad, a su manera, y en su poder! Cada acción de Dios en tu vida es diseñada para incrementar tu dependencia de Él. Escucha: “…tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por todos los siglos. Amén” (Mateo 6:13b). ¡Todo es acerca de Él, y no de nosotros!