Él tiene el control

20141103115328«Entonces fueron llamados los escribanos del rey en el mes tercero, que es Siván, a los veintitrés días de ese mes; y se escribió conforme a todo lo que mandó Mardoqueo, a los judíos, y a los sátrapas, los capitanes y los príncipes de las provincias que había desde la India hasta Etiopía, ciento veintisiete provincias; a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo conforme a su lengua, a los judíos también conforme a su escritura y lengua. Y escribió en nombre del rey Asuero, y lo selló con el anillo del rey, y envió cartas por medio de correos montados en caballos veloces procedentes de los repastos reales;que el rey daba facultad a los judíos que estaban en todas las ciudades, para que se reuniesen y estuviesen a la defensa de su vida, prontos a destruir, y matar, y acabar con toda fuerza armada del pueblo o provincia que viniese contra ellos, y aun sus niños y mujeres, y apoderarse de sus bienes, en un mismo día en todas las provincias del rey Asuero, en el día trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar. La copia del edicto que había de darse por decreto en cada provincia, para que fuese conocido por todos los pueblos, decía que los judíos estuviesen preparados para aquel día, para vengarse de sus enemigos. Los correos, pues, montados en caballos veloces, salieron a toda prisa por la orden del rey; y el edicto fue dado en Susa capital del reino.»( Ester 8:9-14)

La ley de los medos y los persas no podía ser cambiada. La ley que Amán había escrito tenía que permanecer en los libros. Pero debido a que el corazón del rey había sido ablandado por los ruegos de Ester, él mismo proporcionó una manera mediante la cual la ley podía no hacerse efectiva, o por lo menos podía ser neutralizada.

Los judíos podrían protegerse a sí mismos. En realidad, podrían hacer más que eso. Podrían liquidar a cualquiera que quisiera atacarlos, incluidos mujeres y niños, y tenían también el derecho de despojarles y apoderarse de sus propiedades. De esta manera, por lo menos, estaban en igualdad de condiciones. Los judíos tenían ahora su propia defensa, autorizada precisamente por la ley persa. “Los mensajeros que cabalgaban los veloces corceles reales partieron apresurados e impulsados por la orden del rey. El decreto fue promulgado en Susa, la capital” (Ester 8:14).

¡Increíble! Y pensar que estos derechos concedidos a todos los judíos fueron dados por el mismo hombre que antes prácticamente había decidido irrevocablemente su destrucción.

Es posible que alguna persona le esté persiguiendo, puede ser con un documento, con algo que ha sido escrito de manera irrevocable, el artículo de alguna revista, o periódico, alguna grabación, algún informe de trabajo, alguna demanda, lo que sea. Por estar escrito, parece tan intimidante, tan imborrable, tan legal. Y usted está leyendo esas palabras, y piensa: Si solamente supiera quién está detrás de todo esto. ¡A eso es a lo que me refiero aquí! ¿Quién es esa persona, comparada con el Señor vivo? A mí no me importa quién esté detrás de ese documento. Nosotros adoramos a un Dios soberano al que no le sorprende nada de lo que sucede en este mundo. Nada lo asusta. Nada lo sobresalta. ¡Él tiene el control! Habitamos “al abrigo del Altísimo” y moramos “bajo la sombra del Todopoderoso” (Salmo 91:1). ¡Nada es demasiado difícil para Él! ¡Nada!

Adoramos a un Dios soberano al que no le sorprende nada de lo que sucede. ¡Nada!—Charles R. Swindoll