¡Ánimo!

bendiciones-de-dios«El mismo día, el rey Asuero dio a la reina Ester la casa de Amán enemigo de los judíos; y Mardoqueo vino delante del rey, porque Ester le declaró lo que él era respecto de ella.Y se quitó el rey el anillo que recogió de Amán, y lo dio a Mardoqueo. Y Ester puso a Mardoqueo sobre la casa de Amán. Volvió luego Ester a hablar delante del rey, y se echó a sus pies, llorando y rogándole que hiciese nula la maldad de Amán agagueo y su designio que había tramado contra los judíos. Entonces el rey extendió a Ester el cetro de oro, y Ester se levantó, y se puso en pie delante del rey, y dijo: Si place al rey, y si he hallado gracia delante de él, y si le parece acertado al rey, y yo soy agradable a sus ojos, que se dé orden escrita para revocar las cartas que autorizan la trama de Amán hijo de Hamedata agagueo, que escribió para destruir a los judíos que están en todas las provincias del rey.Porque ¿cómo podré yo ver el mal que alcanzará a mi pueblo? ¿Cómo podré yo ver la destrucción de mi nación? Respondió el rey Asuero a la reina Ester y a Mardoqueo el judío: He aquí yo he dado a Ester la casa de Amán, y a él han colgado en la horca, por cuanto extendió su mano contra los judíos. Escribid, pues, vosotros a los judíos como bien os pareciere, en nombre del rey, y selladlo con el anillo del rey; porque un edicto que se escribe en nombre del rey, y se sella con el anillo del rey, no puede ser revocado.»( Ester 8:1-8 )

El corazón del rey es como una masa blanda, como masilla muy suave, o pudiéramos decir como plasticina en las manos del Señor. Piense, sólo por un momento, en otro nombre en lugar de “rey”. Alguien, quizás, que le está causando sinsabores. Puede ser un hijo ya crecido descarriado. Talvez sea alguien con una presencia impresionante. Alguien que le acosa y que desea humillarle. Un cabeza dura, ¿de acuerdo? Alguien prepotente, ¿correcto? Imagine ese corazón tan duro, tan granítico, convertido en masilla suave en las manos del Señor. ¡Es posible! No hay un corazón por recalcitrante que este sea que no se vuelva blando en las manos del Señor.

Hace muchos años, en otro lugar y en otro momento de mi vida, tuve una experiencia terrible con una persona que decidió convertirme en su enemigo. Todavía no sé por qué. Eso sigue siendo un misterio. Sin embargo, sucedió. Este individuo decidió amargarme la vida. Observaba todo lo que yo hacía. Criticaba mis decisiones. Lanzaba dudas sobre mi ministerio. Esta persona aplicaba presión, a veces hasta el punto en el que pensaba que me haría gritar. No sé cuánto, ni qué dijo de mí a otros. Nunca lo pregunté. Pero a mí me dijo bastante, y era tan amedrentador e intimidante que me producía temor, especialmente cuando supe que llevaba un arma de fuego, hasta que al final, me amenazó con ella.

Un domingo extremadamente frío, después de dejar la iglesia, me fui a casa y me eché en la cama sin siquiera quitarme el abrigo. Clamé al Señor, y lloré de forma audible hasta quedarme sin lágrimas. Estaba desesperado. Me había agotado tratando de hacer todo lo que sabía para lograr un cambio de la situación. ¡Nada cambió! Este hombre tenía un corazón como el del rey Asuero.

No hay un muro que sea más fuerte que el Todopoderoso. No hay una voluntad tan dura que Él no sea capaz de suavizar. Si Dios puede cambiar el corazón de un Asuero, puede cambiar cualquier corazón, óigalo bien ¡cualquier corazón! Lea esto de nuevo. Usted, que vive todo el tiempo intimidado y amenazado, angustiado por lo que podría suceder mañana, ¡escuche este consejo! Dios tiene el poder de tomar el corazón de cualquiera y transformarlo, de la misma manera que lo hizo con este rey.

Así es, de cualquiera.

No hay un muro que sea más fuerte que el Todopoderoso.—Charles R. Swindoll