Cuando Dios es quien manda

Imágenes-de-amistad-con-Jesus-10«Entonces la reina Ester respondió y dijo: —¡Oh rey, si he hallado gracia ante tus ojos, y si a su majestad le parece bien, que me sea concedida la vida por mi petición y mi pueblo por mi solicitud! Porque yo y mi pueblo hemos sido vendidos para ser destruidos, muertos y exterminados. Si hubiéramos sido vendidos para ser esclavos y esclavas, yo habría callado; pues tal desgracia no justificaría molestar al rey…El rey Asuero preguntó a la reina Ester:

—¿Quién es ese, y dónde está el que ha concebido hacer tal cosa? Y Ester respondió: —¡El enemigo y adversario es este malvado Amán! Entonces Amán se llenó de terror en la presencia del rey y de la reina. El rey se levantó enfurecido y dejando de beber vino se fue al jardín del palacio. Y Amán se quedó de pie, rogando a la reina Ester por su vida; porque vio que el mal ya estaba decidido para él, de parte del rey. Cuando el rey regresó del jardín del palacio a la sala donde estaban bebiendo vino, Amán había caído sobre el diván en que estaba Ester. Entonces el rey dijo:

—¿También ha de violar a la reina estando yo en la casa? En cuanto salió la palabra de la boca del rey, le cubrieron la cara a Amán. Entonces Harbona, uno de los eunucos al servicio del rey, dijo: —He aquí, hay una horca de veinticinco metros de alto, que Amán ha hecho en su casa para Mardoqueo, quien había hablado bien en favor del rey. Entonces el rey dijo: —¡Cuélguenlo en ella! Así colgaron a Amán en la horca que él había preparado para Mardoqueo. Y se apaciguó la ira del rey.»(Ester 7:3-10 )

La trama se pone cada vez más interesante a medida que crece la emoción del relato. Ester prepara un banquete para el rey y Amán. Amán, cegado por su vanidad, piensa que la reina quiere honrarlo.

Pero cuando el rey le pregunta a Ester cuál es su petición para concedérsela, ella le dice: “Quiero que ambos vengan a otro banquete mañana. Entonces te diré lo que quiero”.

¡Amán estaba emocionado! La reina iba a honrarlo dos veces con un banquete en presencia del rey Asuero. Ella debe pensar en realidad que soy muy importante, pensó.
Cuando volvió a su casa, Amán vio a Mardoqueo, ese judío que se negaba a rendirle la pleitesía y la deferencia que él sentía que se merecía. Amán se puso furioso al ver a su instrumento de perdición.

¡Es que, cuando Dios es quien manda, nadie puede impedir su acción! El hombre más poderoso del país, después del rey, tiene las manos atadas y la boca silenciada. Dios, y solamente Dios, puede hacer tales cosas.

Cuando leo este libro, que nunca menciona a Dios, veo al Señor aún más profunda y más elocuentemente retratado a lo largo del mismo. Él está allí en tinta invisible. Lo mismo que la vida. Yo nunca he visto un escrito en el cielo que diga: “Estoy aquí, Chuck. Puedes confiar en mí”. Nunca he escuchado una voz audible en el medio de la noche, dándome confianza, que diga: “Aquí estoy, hijo mío.” Pero, por fe, le veo, y de manera no audible le escucho siempre, leyéndolo escrito en los hechos de mi vida, ya sea por los demoledores golpes que me ponen de rodillas, o por los gozosos triunfos que le ponen alas a mi corazón. Cuando hago una pausa lo suficientemente larga para echar una mirada retrospectiva, me doy cuenta de que es la mente inescrutable, la voluntad insondable, la soberana intervención y la irresistible providencia de Dios en acción, porque Él, aunque invisible, sigue siendo invencible.

¿Está usted permitiendo que Dios mande en su vida?

Cuando Dios es quien manda, nadie puede impedir su acción.—Charles R. Swindoll