Esperar. . . y escuchar

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«Y dijeron a Mardoqueo las palabras de Ester.Entonces dijo Mardoqueo que respondiesen a Ester: No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino? Y Ester dijo que respondiesen a Mardoqueo: Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca. Entonces Mardoqueo fue, e hizo conforme a todo lo que le mandó Ester.»

(Ester 4:12-17)

  «No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo.Buscarás a los que tienen contienda contigo, y no los hallarás; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen la guerra. Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.(Isaías 41:10-13)

Durante los tres días de espera hay un “espacio en blanco” en el que no sucede nada, por lo menos nada visible. Uno pudiera fácilmente decirse a sí mismo: “Estoy esperando en vano, nada va a cambiar”. Esto es lo que el adversario quiere que usted piense: “Esperar es un desperdicio de tiempo”. ¡No lo crea! Cuando este mensaje del enemigo se pasee por su mente, tiene que expulsarlo. Rechácelo. Vea estos otros versículos de Isaías, que están unos pocos versículos después del de las “águilas”:

Así que no temas, porque yo estoy contigo no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudare; te sostendré con mi diestra victoriosa. . . porque yo, soy el SEÑOR, tu Dios, que te sostiene de tu mano derecha; yo soy quien te dice: «No temas; yo te ayudaré» (Isaías 41:10,13 NIV).

Fue esta clase de pensamiento lo que, seguramente, fortaleció a Ester mientras esperaba, oraba y ayunaba durante esos tres días. Mardoqueo hizo lo mismo, como había mandado Ester. Pero ahora los papeles se habían invertido. Él ya no tenía el control, sino ella. O, mejor aún, el Señor. Cuando el Señor se apoderó de su corazón, perdió el temor a lo que enfrentaba.

Este puede ser uno de esos ”espacios en blanco” en su vida. Tal vez llegó el momento de que ore, ayune y llame a unos cuantos amigos para que se unan a usted en ayuno y oración. Quizás es tiempo de que diga: “No voy a apresurarme en esta situación que es nueva e incierta para mí. No sé qué decisión tomar; por tanto, voy a esperar. Mientras tanto, se la voy a entregar a Dios. Voy a escuchar al Señor con un oído sensible, y ver su dirección con ojos sensibles.

Dios nos guía con su ojo. El ojo no hace ningún sonido cuando se mueve. Por tanto, hace falta tener un ojo terrenal sensible para ver el movimiento del ojo de Dios, la dirección de Dios. Lo único que Él necesitará hacer es dirigir la atención suya en otra dirección, pero eso será todo lo que usted necesite. Mientras espera, escuche. Estudie cuidadosamente un pasaje bíblico de sus favoritos, y calladamente preste atención a la presencia de Dios para recibir su dirección.