Un silencio interludio

autocompasion«Y dijeron a Mardoqueo las palabras de Ester. Entonces dijo Mardoqueo que respondiesen a Ester: No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino? Y Ester dijo que respondiesen a Mardoqueo: Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca. Entonces Mardoqueo fue, e hizo conforme a todo lo que le mandó Ester.»

(Ester 4:12-17)

Entre los capítulos 4 y 5 de este antiguo libro de Ester, hay una pausa de tiempo. Es un espacio de suspenso en el que no sabemos qué está sucediendo. No hay nada escrito que podamos leer. Al final del capítulo 4 dejamos a Ester cuando ella le manda decir a Mardoqueo que iba a presentarse delante del rey sin ser invitada, lo cual podía significar su muerte inmediata. Luego hay una pausa solemne, y retomamos la historia en el capítulo 5, 3 días después cuando Ester está preparándose para entrar a la presencia del rey sin saber qué la reserva del futuro. Literalmente desobedece la ley del país importunando consciente y deliberadamente al rey.

Este espacio representa un interludio silencioso pero importantísimo en el que Ester acude a su fuente de fortaleza. Qué fácil nos resulta olvidarnos de esta fuente. Qué fácil nos resulta creer que ella nació con la conciencia de una madre Teresa de Calcuta y con la valentía de una Juana de Arco. Sin embargo, de la misma manera que nadie nace con prejuicios, nadie nace tampoco siendo valeroso.

Permítame hacer una pausa aquí para hacerle un par de preguntas muy personales. ¿Enseña usted a sus hijos a salir en defensa de lo que creen? ¿Está enseñando a sus nietos a ser personas de carácter, cueste lo que cueste? Eso dejará grabado el mensaje de manera permanente en sus mentes.

Ester no vino a este mundo con una conciencia sensible y un corazón valiente. Lo aprendió de su primo Mardoqueo, quien se convirtió en su mentor y padre adoptivo. Él sabía hasta dónde podía llevarla con el desafío que le hizo. Ella estuvo a la altura del reto y dijo: “Haré exactamente lo que me has enseñado a hacer.”

Proverbios 22:6 dice: “Instruye al niño en su camino; y aun cuando sea viejo, no se apartará de Él”.