Dar la cara

20141103115328«Y dijeron a Mardoqueo las palabras de Ester.Entonces dijo Mardoqueo que respondiesen a Ester: No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino? Y Ester dijo que respondiesen a Mardoqueo: Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca.»(Ester 4:12-16)

Cuando se trata de tocar el corazón, pocas cosas lo hace tan bien como una canción o una historia. Todos sabemos de ocasiones en las que la música apropiada combinada con la letra apropiada nos acercó de nuevo a nosotros o a alguien que conocemos a Dios. A veces se trata de una canción que nuestra madre nos enseñó, o de un himno conmovedor que aprendimos hace muchos años en la iglesia. La nostalgia nos resulta más útil cuando es un imán para acercar otra vez nuestro corazón a Dios.

Una historia hace lo mismo, al suavizar el terreno de nuestra alma. Cuando uno ve personajes que viven sus vidas en una trama en la que se mezclan la aventura, la sorpresa y un poco de humor, junto con un propósito y una gran enseñanza moral, hay algo en cuanto a esa historia que nos lleva a un estado de ánimo correcto. La historia de Ester es precisamente una de esas historias. Tiene aventura y suspenso mezclados con valentía y esperanza, más un toque de humor y, sin duda, un giro sorprendente.

¡Qué gran película u obra de teatro sería Ester! ¿No oye usted las palabras de Mardoqueo cargadas de pasión cuando dice: “Si te quedas callada en este tiempo, el alivio y la liberación de los judíos surgirán de otro lugar; pero tú y la casa de tu padre pereceréis.” Y quién sabe si para un tiempo como este has llegado al reino?

Con una valentía increíble, Ester responde: “Ve, reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunen por mí. No coman ni beban por tres días, ni de noche ni de día. Yo también ayunaré con mis damas e iré así al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca.”

Puedo oír los aplausos cuando se cierran las cortinas de este acto con este gran discurso que prepara a nuestra descollante dama para tomar su lugar en la historia.

Esto me recuerda algo que dijo C.S. Lewis en cuanto a la importancia de ser fieles a una causa que es más grande que nosotros mismos. Lewis comparaba esa cualidad con la audacia, la valentía de una persona. “Lo que necesitamos es persona con agallas.” Necesitamos personas con agallas que digan: “Voy a dar la cara por esto, y si tengo que morir, que muera.”

¿Será usted una de esas personas?