Cultivar el carácter

60634_N_02-07-13-0-10-43«Vino Hatac y contó a Ester las palabras de Mardoqueo. Entonces Ester dijo a Hatac que le dijese a Mardoqueo:Todos los siervos del rey, y el pueblo de las provincias del rey, saben que cualquier hombre o mujer que entra en el patio interior para ver al rey, sin ser llamado, una sola ley hay respecto a él: ha de morir; salvo aquel a quien el rey extendiere el cetro de oro, el cual vivirá; y yo no he sido llamada para ver al rey estos treinta días.Y dijeron a Mardoqueo las palabras de Ester.Entonces dijo Mardoqueo que respondiesen a Ester: No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?»(Ester 4:9-14)

Ahora bien, antes de que arrugue la frente se ponga a pensar farisaicamente en que usted jamás habría reaccionado como lo hizo Mardoqueo, recuerde que está rodeado de amigos en un ambiente seguro y nada amenazante, en el que no hay soldados armados fuera y tampoco un protocolo de gobierno que obedecer. Además, es muy posible que usted no esté viviendo bajo sospecha por causa de la raza con la que vino al mundo, y que no haya ningún rey sentado en el trono de cuyo capricho depende que usted viva o muera. Es fácil ser valiente cuando estamos protegidos y seguros, cuando no tenemos nada que arriesgar.

Si Ester obedecía a Mardoqueo, lo arriesgaba todo, incluso su vida. Aunque el rey era su esposo, ella no podía pasarse alegremente por su despacho y decirle de pronto lo que se le ocurriera. Las cosas no funcionaban así en la antigua Persa. Él tenía que mandar a llamarla, y en ese momento, no la había mandado a llamar durante un mes. Si ella se presentaba ante él sin ser llamada, el rey podía ordenar su muerte. Y para colmo, ella era judía. ¡Quién sabe cómo habría reaccionado ese gentil monarca cuando se enterara de esto!

Era un inmenso dilema. Pero Mardoqueo sabía quién era Ester, él se había ocupado de ella, le había enseñado. Mardoqueo sabía hasta dónde podía presionarla; pero sobre todo, conocía su carácter.

Fomentar el cultivo del carácter es exactamente lo que los padres sabios hacen, acicateando, apremiando a sus hijos a desarrollar madurez. Como padre, usted tiene ocasiones en su vida, breves momentos, pequeñas ventanas de tiempo, en los que puede tomar la iniciativa de ayudar a sus hijos a entender el valor de ser valientes. A medida que crezcan y esas ocasiones cambien a una relación más distante, usted debe hacer un llamado a sus hijos para que den la cara por lo que creen, aunque tengan que levantarse solos, y luego confiar en que lo harán sin que usted esté cerca de ellos.

Mardoqueo enfrenta este momento. Por eso, cuando Hatac viene a él con la respuesta de Ester, Mardoqueo se aprieta el cinturón alrededor de su cilicio y dice palabras fuertes, apela al carácter de Ester.

De haber estado usted en la misma situación, ¿qué habría dicho a la reina?