Depresión

tormenta

«Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas.Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos. Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado. Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? (1 Reyes 19:1-9)

Elías fue un profeta heroico, sin duda. También fue un hombre de gran humildad, como hemos visto. Pero recordemos también que fue simplemente un hombre, un ser humano, sujeto a la condición humana, como todos nosotros. Supo lo que era el desánimo, el abatimiento y la depresión, y en una ocasión no pudo librarse de ella.

No es de sorprenderse que en este momento de la vida de Elías, el gran profeta haya tocado fondo. Por varios años se había mantenido firme en medio de circunstancias y dificultades casi insuperables. Pero, ahora, después de una gran victoria, cae en la agonía del desánimo y la postración total.

Recuerde que Elías fue un hombre, un ser humano, lo mismo que nosotros. Puesto que es así, no debe alarmarnos que se asustara y huyera para salvar su vida yendo a Beerseba, que pertenece a Judá y que dejara a su criado allí.

Pero Elías caminó durante todo un día por el desierto, hasta que se sentó debajo de una mata de retama; allí pidió morir, y dijo: “¡Basta ya, oh SEÑOR! ¡Quítame la vida, porque yo no soy mejor que mis padres!” (1 Reyes 19:3-4).

Me alegra que este capítulo haya sido incluido en la Biblia. Me alegra que cuando Dios pinta los retrasos de sus hombres y mujeres, los pinta con todos sus defectos. No se desentiende de sus debilidades ni oculta sus fracasos.

Elías tuvo que volver a poner sus ojos en el Señor. Eso era absolutamente necesario. Había sido usado poderosamente, pero era el Señor quien lo había hecho poderoso. Se mantuvo firme contra el enemigo, pero fue el Señor quien le dio las fuerzas para hacerlo.

Muchas veces nos prendemos más de los regalos que Dios nos da, que del Dador mismo. Cuando el Señor nos da descanso y nos renueva, nos sentimos más agradecidos por el descanso y por la renovación que por el Dios que nos da ese descanso. Cuando Dios nos da un buen amigo, nos absorbe esa amistad y nos ocupamos tanto del amigo que nos olvidamos que fue nuestro buen Dios quien nos dio el amigo. ¡Qué fácil es concentrarse en las cosas equivocadas!

A veces nos prendemos más de los regalos que Dios nos da, que del Dador mismo.—Charles R. Swindoll