Las grandes ligas

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«Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye. Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas. Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces. A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje. Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia. Y subiendo Acab, vino a Jezreel. Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel.»(1 Reyes 18:41-46)

La oración fervorosa de un justo puede lograr mucho. “La ferviente oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho. Elías era un hombre sujeto a pasiones, igual que nosotros, pero oró con insistencia para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. Y oró de nuevo, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto” (Santiago 5:16-18).

Leemos esto de Elías, y decimos: “Vaya, el hombre está en las grandes ligas. Es un gigante espiritual. Yo soy un pigmeo comparado con él. Elías está completamente en otro mundo”. Eso no es cierto. Vuelva a leer lo que dice Santiago.

Santiago no dice: “Elías fue un poderoso profeta de Dios.” No dice: “Elías era un poderoso obrador de milagros”. No dice: “Elías fue un modelo que nadie puede igualar.” Santiago dice: “Elías era un hombre sujeto a pasiones, igual que nosotros”.

Eso significa que era de carne y hueso. Como veremos, él se desanimaba frecuentemente, y tuvo grandes frustraciones. Tuvo faltas, fracasos y dudas. Era simplemente un hombre, con una naturaleza como la suya y la mía. Fue un hombre lleno de heroísmo y humildad, pero no olvidemos su humanidad.

¿Qué tipo de hombre fue Elías? Bueno, no tuvo temor de enfrentarse al rey de Israel y a los profetas de Baal. El hombre era valiente, sin duda alguna. Pero no era tan poderoso para orar, ni tan confiado para esperar, ni tan sofisticado para ver la lluvia en la pequeña nube, ni demasiado orgulloso para quitarse la capa y echar a correr como uno que ha sido sorprendido, bajando por la montaña corriendo, en medio de la lluvia y el barro, pensando: “Vamos, Acab. . . agárrame si puedes!”.

Con razón Elías es el tipo de hombre que uno admira. ¿No es maravilloso saber que adoremos al mismo Dios que él adoraba? ¿No es emocionante pensar que podemos confiar en el mismo Dios en quien él confiaba?

¿Qué clase de Dios es ese? Es el Dios que hace promesas y las cumple.

 

La oración fervorosa de un justo puede lograr mucho.—Charles R. Swindoll