Invencible

frrme-prayers-healing-1024x768«Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres. Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo. Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho. Entonces Elías dijo a los profetas de Baal: Escogeos un buey, y preparadlo vosotros primero, pues que sois los más; e invocad el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo. Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: !!Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho. Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle. Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos. Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase. Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado. Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de Jehová diciendo, Israel será tu nombre, edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová; después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de grano. Preparó luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso sobre la leña. Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez, de manera que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado de agua la zanja. Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: !!Jehová es el Dios, Jehová es el Dios! Entonces Elías les dijo: Prended a los profetas de Baal, para que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y los llevó Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló.”( 1 Reyes 18:22-40)

Dios escuchó la oración de Elías. Esto no solo trajo el fuego, sino algo mucho más importante, ayudó a que los corazones del pueblo se volvieran a Dios. También el país se libró de los profetas de Baal.

Elías les dijo después: «¡Prended a los profetas de Baal! ¡Que no escape ninguno de ellos! Los prendieron, y Elías los hizo descender al arroyo de Quisón, y allí los degolló! (1 Reyes 18:40).

Algunos leen este último versículo, y dicen : «¡Qué respuesta tan extrema!». ¿Lo es? ¿Qué pensaría usted de un médico que le descubre una masa cancerosa que está creciendo rápidamente en su abdomen, y le dice: «Creo que lo mejor será quitar algunas de estas células». O: «Me gustaría hacer solamente una operación pequeña«? No. Un buen médico vería esa masa letal y diría: «Tenemos que sacar todas estas células de allí, junto con cualquiera parte que pudiera estar contaminada.» Eso no es ser extremo. Eso es sabio.

Los profetas de Baal eran un maligno tumor inmoral, hostil y opuesto a Dios en la tierra de Israel. Elías sabía que tenía que extirpar toda evidencia de esa amenaza impía.

Nada nos produce más incertidumbre ni inseguridad que no estar seguros de que estamos en la voluntad de Dios. Y nada es más alentador que estar seguros de que lo estamos. Entonces, no importa cuáles sean las circunstancias, no importa lo que suceda, podemos mantenernos firmes.

Podemos estar sin un empleo, pero sabemos que estamos en la voluntad de Dios. Podemos enfrentar una situación amenazante, pero sabemos que estamos en la voluntad de Dios. Podemos tener todas las circunstancias en contra nuestra, pero sabemos que estamos en la voluntad de Dios. Nada intimida a los que saben que lo que creen está basado en lo que Dios ha dicho. La ecuación nunca es 850 contra uno. Es 850 contra uno, más Dios.

Cuando sabemos que estamos en la voluntad de Dios somos invencibles.

Elías no se sintió intimidado en ningún momento. En este pasaje, habla siete veces y cada vez que lo hace está mandando. Sí, todas las veces. No cambió de posición, no tartamudeó, no insinuó; dio una orden. No estuvo a la defensiva; estuvo en la defensiva. Sabía dónde estaba parado. ¿Sabe cuál es la palabra para describir eso? Invencible.

 

Cuando sabemos que estamos en la voluntad de Dios somos invencibles.—Charles R. Swindoll