Un siervo humilde

 mujer-victoriosa-perseverante

«Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió. Tomando luego Elías al niño, lo trajo del aposento a la casa, y lo dio a su madre, y le dijo Elías: Mira, tu hijo vive.»(1 Reyes 17:22-23)

No hay palabras que puedan describir lo que sucedió en esa pequeña habitación cuando el cadáver comenzó a moverse, y Elías vio que la vida regresaba al cuerpo del niño. No hay palabras que puedan describir el estar en medio de una prueba así, y ver luego a Dios hacerlo en un momento o período de tiempo milagroso. Solo quienes han pasado por esto pueden sentir, sonreír y decir: «Amén. Sé exactamente lo que usted está diciendo. Yo he visto a Dios hacer esto.»

Elías vio esa clase de milagro, que sucedió frente a sus ojos.

Ahora bien, observe lo que él hizo.

«Elías tomó al niño, lo bajó del altillo a la casa y lo entregó a su madre. Luego Elías dijo: «¡Mira, tu hijo está vivo!» (1 Reyes 17:23).

Elías no dijo: «¡Mira lo que hice!» ¡No! Eso es lo que nosotros pudiéramos haber hecho, o quizás lo que un televangelista pudiera hacer, pero no fue lo que Elias hizo. Este simplemente bajó las escaleras con el niño a su lado, y dijo: «Mira, tu hijo está vivo.»

Una vez más, las palabras no son capaces de describir los sentimientos de la madre, o lo que sintieron madre e hijo, en ese momento.

Hace algunos años mi esposa Cynthia y yo tuvimos una gran e íntima amiga que era una preciosa mujer de Dios y, por consiguiente, una fiel mujer de oración. Ella oró por nosotros muchos años, y cada cierto tiempo nos preguntaba: «¿Qué está haciendo el Señor en sus vidas?» Cuando le contábamos las cosas que estaban sucediendo, su respuesta era siempre: «¡Es que así es el Señor!», o «¿No es maravilloso el Señor? Él siempre es así.» En vez de mostrarse sorprendida, ella siempre estaba agradecida y tenía una actitud positiva. Su Dios nunca defraudaba. Sus milagrosos poderes sólo fortalecían la fe de ella. . . ¡y también la nuestra!

Eso era lo que Elías quería que esta mujer viera. Él se replegó en las sombras para que ella pudira ver solo al Señor.

Elías quería que ella viera lo que Dios había hecho, y que fuera impactada por Él, no por su siervo.