A Solas con Dios

 

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«Y clamando a Jehová, dijo: Jehová Dios mío, ¿aun a la viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido, haciéndole morir su hijo? Y se tendió sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová y dijo: Jehová Dios mío, te ruego que hagas volver el alma de este niño a él. Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió.»(1 Reyes 17:20-22 )

Espere un momento. ¿Qué está sucediendo aquí? No hay ningún registro en la Biblia, hasta este momento, de que alguien haya sido resucitado de los muertos. Lo más cercano a eso sería Enoc, pero él no fue resucitado ni revivido porque no murió. Dios simplemente se lo llevó a la gloria. «Caminó, pues, Enoc con Dios y desapareció, porque Dios se lo llevó consigo» (Génesis 5:24).

Entonces, ¿qué está pensando Elías aquí? ¿Cómo se atreve a pedirle a Dios que haga algo nunca antes visto?

Elías no podía, como abogado espiritual, utilizar como argumento otro caso que pudiera señalar, para decir: «Hay un precedente registrado en la Biblia, allí hay un relato similar a este. Dios lo hizo antes. Y también lo hará ahora.» Sin embargo, Dios nunca afirmó que daría un registro escrito de absolutamente todas las cosas que Él ha hecho. Yo creo que Él ha dejado incompleto el registro, se puede decir, para que no confiemos en el pasado sino en el Dios actual, vivo, creativo y capaz de dar respuesta hoy a las necesidades de hoy.

Elías no tenía ningún manual de «Así es cómo Dios hace siempre las cosas» por el cual guiarse. En lugar de eso, él confiaba solamente en una cosa: en la fe. Tenía puesta su fe solo en el Dios vivo.

¿No desea usted a veces tener un libro donde pudiera buscar la palabra «impaciencia»? De acuerdo. ¿Qué hacer cuando me pongo impaciente ante una prueba? Siga los pasos uno, dos, tres, cuatro y cinco. Y en caso de una emergencia severa: seis, siete y ocho. ¡Ya tiene la respuesta! O, ¿qué hacer cuando venga la muerte: uno, dos, tres y cuatro? Si es la del amigo más querido que usted ha tenido: pasos cinco y seis. Si se trata de su propio hijo: pasos siete y ocho. Pero no existe manual. Afortunadamente, Dios sí incluye en su Palabra los principios a seguir en la mayoría de las crisis, pero no el procedimiento preciso en todas las situaciones difíciles o imposibles. Dios nos deja en el filo para que confiemos en Él y en los principios contenidos en su admirable y misericordiosa Palabra. Esto es todo lo que tenemos. Y eso es suficiente.