En las sombras

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«Y vino a él palabra de Jehová, diciendo:Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer. Y él fue e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde; y bebía del arroyo.»(1 Reyes 17:2-6)

Cualquier recluta que haya pasado por un campamento de entrenamiento podrá decirle que a toda hora del día alguien le está ordenando a uno a dónde ir, cuándo estar allí, qué hacer y cómo sobrevivir. Eso es parte fundamental del entrenamiento básico. Y Dios hizo lo mismo con su profeta. Le dijo a Elías exactamente a dónde debía ir, qué iba a hacer cuando llegara a allí, y cómo se las arreglaría para sobrevivir. A Elías debió parecerle muy extraño ese plan.

Lo primero que tenía que hacer era esconderse.

«¿Esconderme? ¡Yo soy un profeta! Un hombre de palacio. Yo estoy proclamando tu Palabra. Pareces olvidar, Señor, que fui llamado a predicar.»

No, le dijo Dios a Elías. Esta vez no. «Escóndete», le dijo.

La palabra hebrea utilizada aquí sugiere la idea de ocultamiento, de mantenerse aparte con un propósito. «Ocúltate, mantente en secreto».

Una de las órdenes más difíciles de escuchar, una de las más difíciles de obedecer, es la orden de esconderse. La orden de marcharse solo, de desaparecer de la vista del público, de retirarse y de permanecer oculto deliberadamente. Esto es especialmente cierto si usted se siente cómodo siendo el centro de la atención pública, si es una persona franca y abierta, y si está dotada de habilidades para el liderazgo. También es cierto si es una persona activa que le gusta que las cosas se hagan.

Es posible que usted sea una mujer muy capaz, ya sea ama de casa o profesional. Pero, de repente, es sacada de su mundo de actividad interminable y de envolvimiento efectivo. Pero Dios le dice, claramente: «Escóndete. Permanece a solas. Deja de estar en primer plano. Aléjate de las cosas que satisfacen tu orgullo y tu ego, y ve a vivir en el arroyo.»

A veces, la enfermedad obliga a hacer este cambio. A veces, es cuando llegamos al límite de nuestras energías y comenzamos a agotarnos, o estamos a punto de eso. Algunas veces, Dios, sin darnos explicaciones, sencillamente nos quita de un lugar y nos moldea de nuevo para ponernos en otro.

Dios tenía un par de razones para ordenarle a Elías que se escondiera. Primera: quería protegerle de Acab; y, segunda: quería prepararlo para que se convirtiera en un hombre de Dios. Cuando Dios nos dice, de repente, casí como viniendo del mismísimo cielo: «Escóndete». Él tiene, por lo general, estos propósitos en mente: protección y preparación.