Legado

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«Asimismo se alegró mucho el rey David, y bendijo a Jehová delante de toda la congregación; y dijo David: Bendito seas tú, oh Jehová, Dios de Israel nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo. Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos.Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos. Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre.»(1 Crónicas 29:10-13)

Finalmente, y como era de esperar, David cae de rodillas y pronuncia una hermosa oración, una expresión espontánea de su adoración al SEÑOR. Los primeros versículos son expresiones de alabanza. La alabanza deja al hombre fuera de la escena, y se concentra totalmente en la exaltación al Dios vivo.

David estuvo rodeado de inmensas riquezas. Pero estas nunca se apoderaron de su corazón. Libró muchas batallas en su interior, pero ninguna de ellas fue contra la avaricia. David no fue atrapado por el materialismo. Él dijo: «Señor, todo lo que tengo es tuyo; todos estos hermosos palacios donde nos reunimos para adorarte, el lugar donde vivo, la sala del trono, todo, todo es tuyo.»

¡Qué inversión tan importante es que transmitamos a nuestros hijos una adecuada escala de valores, para que sepan cómo manejar las cosas buenas de la vida, sabiendo que estas son solo pasajeras, hoy están aquí, mañana ya no lo estarán! Esa inversión también les enseña cómo manejarse cuando las cosas no son fáciles. David lo manejó tranquilamente, otra cualidad admirable.

¿Qué lecciones podemos aprender de un hombre así? Aprendemos esperanza, a pesar de su humanidad. Aprendemos valentía, aun en medio de sus temores. Aprendemos consuelo y alabanza de los cánticos que surgieron en sus horas de desesperación. Aprendemos lo que es el perdón de los momentos dolorosos de su pecado. Y aprendemos el valor de servir al propósito de Dios en nuestra propia generación, aunque no se cumplan todos nuestros sueños.

Gracias, David, por ser un buen modelo, al enseñarnos con tu vida estas verdades tan importantes. Y gracias a ti, Padre, por ser nuestro Amo, por utilizarnos a través de todos los Saúl, Goliat, Jonatán, Abigaíl, Betsabé, Absalón y Joab de nuestras vidas. Gracias por mostrarnos que podemos ser personas como David. . . personas de pasión y destino.