Cómo salir de una tormenta

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«Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás. Mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá. Y Natán se volvió a su casa.Y Jehová hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y enfermó gravemente. Entonces David rogó a Dios por el niño; y ayunó David, y entró, y pasó la noche acostado en tierra. Y se levantaron los ancianos de su casa, y fueron a él para hacerlo levantar de la tierra; mas él no quiso, ni comió con ellos pan. Y al séptimo día murió el niño; y temían los siervos de David hacerle saber que el niño había muerto, diciendo entre sí: Cuando el niño aún vivía, le hablábamos, y no quería oír nuestra voz; ¿cuánto más se afligirá si le decimos que el niño ha muerto? Mas David, viendo a sus siervos hablar entre sí, entendió que el niño había muerto; por lo que dijo David a sus siervos: ¿Ha muerto el niño? Y ellos respondieron: Ha muerto. Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Después vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan, y comió. Y le dijeron sus siervos: ¿Qué es esto que has hecho? Por el niño, viviendo aún, ayunabas y llorabas; y muerto él, te levantaste y comiste pan. Y él respondió: Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá el niño? Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí.»( 2 Samuel 12:13-23)

David se negó a rendirse. Cuando sufrimos las consecuencias del pecado, tenemos la tendencia a decir: “Estoy acabado. Mi vida terminó. Ya no vale la pena seguir viviendo.” Pero veamos lo que hizo David: «consoló a Betsabé su mujer.» Es fácil olvidar que ella también estaba sufriendo. Ambos atravesaron un período de sufrimiento. Ambos lloraron. Y entonces siguieron adelante con sus vidas.

David está andando una vez más con el Señor, como en el pasado. Una de las escenas más dolorosas de este mundo es ver a un hijo de Dios sentado en un rincón demasiado tiempo, limpiándose las heridas y compadeciéndose a sí mismo. Es necesaria mucha (a menudo más de lo que creemos) fuerza espiritual y propósito para recuperarse y seguir adelante, que lo que se necesita para enfrentar una crisis. “Me levantaré, me sacudiré y seguiré adelante tras mi objetivo; volveré a mi trabajo; comenzaré a disfrutar de la compañía de mis amigos otra vez. Seguiré haciendo lo de antes. En realidad, por la gracia de Dios, ahora seré más sabio e incluso más efectivo que antes.”

David, al salir de la tormenta, nos da un ejemplo precioso. Oró, enfrentó las consecuencias de manera realista, lo dejó todo a cargo del Señor cuando reclamó la verdad espiritual en cuanto a la muerte, y luego se negó a rendirse. Siguió adelante, confiado en Dios para que Él le fortaleciera.

Salir de una tormenta es una experiencia solitaria. Usted se sentirá solo emocionalmente cuando se encuentre en medio del torbellino de las consecuencias. Deseará que otros puedan ayudarlo, pero ellos no podrán hacerlo. Querrán estar allí, se preocuparán, pero usted tendrá que superar solo la tormenta la mayor parte del tiempo.

Salir de una tormenta, gracias a Dios, es también una experiencia transitoria. Puede ser el tiempo más difícil de su vida, tendrá que soportar su propio torbellino. Por otra parte, puede ser el espectador inocente atrapado por las consecuencias del pecado de otra persona. Se sentirá desesperadamente solo, y podrá parecerle que nunca, nunca tendrá fin. Pero, créame: el torbellino es una experiencia transitoria. El Señor, siempre fiel y amoroso, le sacará adelante.

El torbellino es una experiencia transitoria, Dios siempre le sacará adelante.—Charles R. Swindoll