Las consecuencias del pecado

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«Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén.»( 2 Samuel 11:1)

«Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás.»(2 Samuel 12:13)

Natán no vino por su cuenta; Dios lo envió. «[Entonces] el SEÑOR envió a Natán a David.» Creo que la palabra más importante en esta oración es la primera: “Entonces.” El tiempo de Dios es absolutamente increíble.

¿Cuándo fue enviado? ¿Inmediatamente después del acto de adulterio? No. ¿Después de que Betsabé dijo: “Estoy encinta”? No. ¿Después de que se casó con la esposa embarazada de Urías? No. ¿Después del nacimiento del niño? No. Algunos eruditos del Antiguo Testamento creen que hubo un intervalo de por lo menos doce meses antes de que Natán le hiciera la visita. Dios esperó hasta que fuera el momento preciso. Dejó que las duras ruedas de molino del pecado hicieran su trabajo completo, y entonces intervino.

Para ser totalmente honesto con usted, hay veces cuando cuestiono el tiempo de Dios. Tiempos cuando no sé por qué Él se tarda tanto en hacer lo que yo creía que tenía que hacer. Pero cada vez que miro el asunto en retrospectiva, veo lo admirablemente que Él lo hizo. Es que Dios no solo hace lo correcto; Él también hace lo correcto en el momento preciso.

Al confrontar a alguien con su pecado, el momento correcto es tan importante como lo son las palabras. Pero más importante aún, usted tiene que tener la seguridad de que Dios le ha enviado, y Natán la tuvo.

Con su pecado, David había despreciado al Dios que honraba, y como resultado de ese pecado experimentaría muchos sinsabores dentro de su familia en los días y años siguientes.

Así ha dicho el SEÑOR: He aquí yo levantaré contra ti el mal en tu propia casa. Ante tus propios ojos tomaré tus mujeres y las daré a tu prójimo, el cual se acostará con tus mujeres a la luz del sol. (2 Samuel 12:11,12)

¡Uf! ¡Vaya, consecuencias del pecado! David se queda con la boca abierta, se hecha hacia atrás, quizás para mirar al techo, y escucha la voz de Dios por medio de Natán.

Cuando David entiende que es absolutamente culpable, admite sin titubear: «He pecado. He pecado contra el Señor.» Con ese reconocimiento comenzó su restauración.

Dios no sólo hace lo correcto; Él hace lo correcto en el momento preciso.—Charles R. Swindoll