Esperanza para sueños rotos

autocompasion«Y entró el rey David y se puso delante de Jehová, y dijo: Señor Jehová, ¿quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me hayas traído hasta aquí? Y aun te ha parecido poco esto, Señor Jehová, pues también has hablado de la casa de tu siervo en lo por venir. ¿Es así como procede el hombre, Señor Jehová? ¿Y qué más puede añadir David hablando contigo? Pues tú conoces a tu siervo, Señor Jehová. Todas estas grandezas has hecho por tu palabra y conforme a tu corazón, haciéndolas saber a tu siervo.Por tanto, tú te has engrandecido, Jehová Dios; por cuanto no hay como tú, ni hay Dios fuera de ti, conforme a todo lo que hemos oído con nuestros oídos. ¿Y quién como tu pueblo, como Israel, nación singular en la tierra? Porque fue Dios para rescatarlo por pueblo suyo, y para ponerle nombre, y para hacer grandezas a su favor, y obras terribles a tu tierra, por amor de tu pueblo que rescataste para ti de Egipto, de las naciones y de sus dioses.Porque tú estableciste a tu pueblo Israel por pueblo tuyo para siempre; y tú, oh Jehová, fuiste a ellos por Dios.Ahora pues, Jehová Dios, confirma para siempre la palabra que has hablado sobre tu siervo y sobre su casa, y haz conforme a lo que has dicho. Que sea engrandecido tu nombre para siempre, y se diga: Jehová de los ejércitos es Dios sobre Israel; y que la casa de tu siervo David sea firme delante de ti.Porque tú, Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, revelaste al oído de tu siervo, diciendo: Yo te edificaré casa. Por esto tu siervo ha hallado en su corazón valor para hacer delante de ti esta súplica. Ahora pues, Jehová Dios, tú eres Dios, y tus palabras son verdad, y tú has prometido este bien a tu siervo.Ten ahora a bien bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti, porque tú, Jehová Dios, lo has dicho, y con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre.»(2 Samuel 7:18-29)

 «Y dijo David: Aquí estará la casa de Jehová Dios, y aquí el altar del holocausto para Israel. Después mandó David que se reuniese a los extranjeros que había en la tierra de Israel, y señaló de entre ellos canteros que labrasen piedras para edificar la casa de Dios. Asimismo preparó David mucho hierro para la clavazón de las puertas, y para las junturas; y mucho bronce sin peso, y madera de cedro sin cuenta. Porque los sidonios y tirios habían traído a David abundancia de madera de cedro. Y dijo David: Salomón mi hijo es muchacho y de tierna edad, y la casa que se ha de edificar a Jehová ha de ser magnífica por excelencia, para renombre y honra en todas las tierras; ahora, pues, yo le prepararé lo necesario. Y David antes de su muerte hizo preparativos en gran abundancia. Llamó entonces David a Salomón su hijo, y le mandó que edificase casa a Jehová Dios de Israel.»( 1 Crónicas 22:1-6)

David pudo haber sido débil en otras ocasiones, pero en este momento es todo un gigante. ¡Qué gran padre!, él dice: «Señor, sé que no quieres que sea yo quien lleve a cabo este sueño, pero Señor, voy a apartar lo más que pueda para apoyar a mi hijo a realizar este sueño que tuve en mí corazón.» ¡Qué respuesta tan noble!

En todo esto veo dos verdades sencillas.

Primera: Cuando Dios dice no, eso significa que Él tiene una mejor manera de hacerlo, y espera que yo lo apoye.

Segunda: Mi mejor respuesta es la cooperación y la humildad. Él no llama a todo el mundo a construir el templo, pero si nos llama a todos a ser fieles y obedientes.

Algunos de ustedes, que leen esto, están viviendo con sueños rotos. En algún momento del pasado tuvieron grandes esperanzas de que sus vidas fueran en cierta dirección. Pero el Señor, por alguna razón misteriosa, ha dicho: «No.» Y usted siguió viviendo, se ha vuelto más viejo, y se ve poco a poco cada vez más arrinconado, mientras los más jóvenes toman el control y avanzan. ¡Con que rapidez nos caen los años!

Pero cuando llega el momento en que creemos que podemos hacer algo, estamos ya demasiado viejos para poder llevarlo a cabo. Entonces le entregamos ese sueño al Salomón que tenemos cerca. Hace falta verdadera humildad para decirle a esa persona: «Que Dios sea contigo. Haré todo lo que pueda para ayudarte a ver cumplido ese propósito.»

¿Se identifica usted con David? ¿Tuvo alguna vez sus manos llenas de sueños y visiones, listo para presentárselos a Dios en el altar del sacrificio? ¿Tuvo sus planes bien preparados y bien pensados, solo para verlos derrumbarse a sus pies? ¿Y ahora está allí con las manos vacías?

Sepa esto: Dios está listo para llenar sus manos vacías como usted nunca lo creería, si solo las levanta hacia Él en obediencia y alabanza, como hizo David. Dios sigue estando perfectamente bien, y Él sabe lo que está haciendo. A algunos Él les dice sí. A otros, no. Pero, en cualquiera de los casos, su respuesta es la mejor. ¿Por qué razón? Porque las respuestas de Dios, aunque sorprendentes, nunca son equivocados.

Las respuestas de Dios, aunque sorprendentes, nunca son equivocados.—Charles R. Swindoll