De fugitivo a monarca

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«Después de esto aconteció que David consultó a Jehová, diciendo: ¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá? Y Jehová le respondió: Sube. David volvió a decir: ¿A dónde subiré? Y él le dijo: A Hebrón. David subió allá, y con él sus dos mujeres, Ahinoam jezreelita y Abigail, la que fue mujer de Nabal el de Carmel. Llevó también David consigo a los hombres que con él habían estado, cada uno con su familia; los cuales moraron en las ciudades de Hebrón. Y vinieron los varones de Judá y ungieron allí a David por rey sobre la casa de Judá.Y dieron aviso a David, diciendo: Los de Jabes de Galaad son los que sepultaron a Saúl.Entonces envió David mensajeros a los de Jabes de Galaad, diciéndoles: Benditos seáis vosotros de Jehová, que habéis hecho esta misericordia con vuestro señor, con Saúl, dándole sepultura. Ahora, pues, Jehová haga con vosotros misericordia y verdad; y yo también os haré bien por esto que habéis hecho. Esfuércense, pues, ahora vuestras manos, y sed valientes; pues muerto Saúl vuestro señor, los de la casa de Judá me han ungido por rey sobre ellos.»(2 Samuel 2:1-7)

Por las muchas hazañas de David y el legado que dejó, es fácil olvidar que por doce o más años él vivió como un fugitivo, y que pasó muchas horas de desánimo y frustración en el desierto. Fue un hombre que fue quebrantado y que aprendió la humildad durante esos años como fugitivo. David aprendió mucho de esos años de aflicción, pero de poco provecho le habría servido revivir el dolor que esos años trajeron a su vida.

Finalmente se convirtió en rey, el segundo rey de Israel, escogido y ungido por Dios mismo. ¿Cómo llegó al trono? ¿Tomó por asalto el cargo y exigió que todo el mundo se sometiera a su gobierno? No. David era un hombre sensible. Había aprendido cómo liderar y cómo lograr que otros se unieran a él en las aflicciones de su ayer . . . especialmente cuando vivía en las cuevas.

Muchas veces manejamos mejor la aflicción que la promoción. Como dijo Thomas Carlyle, ensayista e historiador escocés: «Por un solo hombre capaz de manejar la prosperidad, hay cien capaces de manejar la adversidad.» Pero David fue un hombre que se enfrentó al éxito. Su predecesor se había quitado él mismo la vida. Si alguna vez una persona tuvo la oportunidad de quitarle la vida a otra con su mano y exigir la adhesión de otros, ese fue David, pero nunca lo hizo.

David recordaba cuando Samuel lo ungió y le susurró: «Tú serás el próximo rey.» Recordaba ese hecho que sucedió muchos años atrás. Cuando él era apenas un adolescente, y por eso pregunta: «Señor, ¿subiré a alguna de las ciudades?» Lo que él realmente quería saber era: «¿Señor, es ahora el momento?» David no se apresuró para tomar el trono, sino que esperó pacientemente más instrucciones. Y Dios le reveló su plan, diciéndole: «Comienza tu reinado en Hebrón.»

En aquellos días, el Señor hablaba audiblemente a sus siervos. Hoy, él nos habla por medio de su Palabra escrita que es la Biblia. Es posible que usted se encuentre en una situación en la que se está preguntando: «Dios ha abierto la puerta, y estoy a punto de entrar por ella. Pero, ¿es eso lo que debo de hacer?» Nuestra tendencia es apresurarnos cuando hay un beneficio personal por delante. Pero, a veces, es mejor comenzar muy discretamente, dando con mucho cuidado nuestros primeros pasos.