¿Venganza o perdón?

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«También David se levantó después, y saliendo de la cueva dio voces detrás de Saúl, diciendo: !!Mi señor el rey! Y cuando Saúl miró hacia atrás, David inclinó su rostro a tierra, e hizo reverencia.Y dijo David a Saúl: ¿Por qué oyes las palabras de los que dicen: Mira que David procura tu mal?He aquí han visto hoy tus ojos cómo Jehová te ha puesto hoy en mis manos en la cueva; y me dijeron que te matase, pero te perdoné, porque dije: No extenderé mi mano contra mi señor, porque es el ungido de Jehová. Y mira, padre mío, mira la orilla de tu manto en mi mano; porque yo corté la orilla de tu manto, y no te maté. Conoce, pues, y ve que no hay mal ni traición en mi mano, ni he pecado contra ti; sin embargo, tú andas a caza de mi vida para quitármela. Juzgue Jehová entre tú y yo, y véngueme de ti Jehová; pero mi mano no será contra ti. Como dice el proverbio de los antiguos: De los impíos saldrá la impiedad; así que mi mano no será contra ti. ¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga? Jehová, pues, será juez, y él juzgará entre tú y yo. El vea y sustente mi causa, y me defienda de tu mano.Y aconteció que cuando David acabó de decir estas palabras a Saúl, Saúl dijo: ¿No es esta la voz tuya, hijo mío David? Y alzó Saúl su voz y lloró, y dijo a David: Más justo eres tú que yo, que me has pagado con bien, habiéndote yo pagado con mal. Tú has mostrado hoy que has hecho conmigo bien; pues no me has dado muerte, habiéndome entregado Jehová en tu mano. Porque ¿quién hallará a su enemigo, y lo dejará ir sano y salvo? Jehová te pague con bien por lo que en este día has hecho conmigo. Y ahora, como yo entiendo que tú has de reinar, y que el reino de Israel ha de ser en tu mano firme y estable, júrame, pues, ahora por Jehová, que no destruirás mi descendencia después de mí, ni borrarás mi nombre de la casa de mi padre.Entonces David juró a Saúl. Y se fue Saúl a su casa, y David y sus hombres subieron al lugar fuerte.»(1 Samuel 24:8-22)

Todo esto me ofrece tres principios útiles para saber cómo vivir cuando se trata de la tentación más sutil de la vida. Vale la pena recordar cada uno de ellos cuando seamos víctimas del maltrato.

Primero: Puesto que el hombre se ha corrompido, espere ser maltratado. La misma naturaleza que latía en el corazón de Saúl. O, si usted es la persona que está cometiendo el maltrato, acepte su responsabilidad, y llámelo por su nombre pecado.

Segundo: Puesto que el maltrato es inevitable, espere tener sentimientos de venganza. No le estoy diciendo que tome la revancha. Lo que estoy diciendo es que espere tener sentimientos de venganza, porque puede tener la seguridad de que vendrán. Es la naturaleza del pecado que hay en nosotros.

Manejar bien el maltrato no se consigue de manera natural. Por eso las palabras de Jesús son revolucionarias: «Y como queréis que hagan los hombres con vosotros con ellos», no como ellos hacen con nosotros. Es rara la persona que no tome la revancha, o por lo menos que no quiera hacerlo.

Tercero: Puesto que el deseo de vengarse es predecible, no se deje llevar por la carne. Eso explica la razón por la que David logró la victoria. Sus hombres le dijeron: «Mátalo , David», y estoy convencido de que casi lo hizo. Pero cuando se acercó al rey tuvo miedo, y sólo cortó un pedazo del manto en vez de hundir el cuchillo en la espalda de Saúl. Después hizo lo correcto.

Dejemos esta escena del pasado y veamos cómo podemos aplicar esta verdad hoy, a su vida y a la mía. Si usted está resentido por la manera cómo alguien le ha tratado, si usted tiene algo en contra de esa persona, esperando poder vengarse, necesita pedirle a Dios que le libre de ese yugo. ¿El secreto? Muy sencillo: ¡perdonar! Reclame el poder de Dios para perdonar por medio de Jesucristo. Comience pidiéndole perdón por haber tratado de justificarse y poder cultivar esa profunda raíz de amargura dentro de su corazón. Pídale que le muestre toda su fealdad, y que la destruya. Jesucristo quien se sometió al dolor y el sufrimiento, y pasó por la cruz por usted y por mí, puede darnos el poder que necesitamos para vencer la peor clase de enfermedad que hay en la vida.

Reclame el poder de Dios para perdonar por medio de Jesucristo.—Charles R. Swindoll