Una conciencia limpia

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«También David se levantó después, y saliendo de la cueva dio voces detrás de Saúl, diciendo: !!Mi señor el rey! Y cuando Saúl miró hacia atrás, David inclinó su rostro a tierra, e hizo reverencia. Y dijo David a Saúl: ¿Por qué oyes las palabras de los que dicen: Mira que David procura tu mal? He aquí han visto hoy tus ojos cómo Jehová te ha puesto hoy en mis manos en la cueva; y me dijeron que te matase, pero te perdoné, porque dije: No extenderé mi mano contra mi señor, porque es el ungido de Jehová. Y mira, padre mío, mira la orilla de tu manto en mi mano; porque yo corté la orilla de tu manto, y no te maté. Conoce, pues, y ve que no hay mal ni traición en mi mano, ni he pecado contra ti; sin embargo, tú andas a caza de mi vida para quitármela.Juzgue Jehová entre tú y yo, y véngueme de ti Jehová; pero mi mano no será contra ti. Como dice el proverbio de los antiguos: De los impíos saldrá la impiedad; así que mi mano no será contra ti. ¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga? Jehová, pues, será juez, y él juzgará entre tú y yo. El vea y sustente mi causa, y me defienda de tu mano. Y aconteció que cuando David acabó de decir estas palabras a Saúl, Saúl dijo: ¿No es esta la voz tuya, hijo mío David? Y alzó Saúl su voz y lloró, y dijo a David: Más justo eres tú que yo, que me has pagado con bien, habiéndote yo pagado con mal. Tú has mostrado hoy que has hecho conmigo bien; pues no me has dado muerte, habiéndome entregado Jehová en tu mano. Porque ¿quién hallará a su enemigo, y lo dejará ir sano y salvo? Jehová te pague con bien por lo que en este día has hecho conmigo. Y ahora, como yo entiendo que tú has de reinar, y que el reino de Israel ha de ser en tu mano firme y estable,júrame, pues, ahora por Jehová, que no destruirás mi descendencia después de mí, ni borrarás mi nombre de la casa de mi padre.»( 1 Samuel 24:8-21)

David dijo solamente la verdad, simple y llanamente, y se la dijo a la persona a quien esa verdad importaba más, eso es a Saúl. No a sus compañeros ni a los amigos de Saúl, ni al pueblo de Israel, sino a Saúl mismo. David se definió con la persona que tenía la batalla. Luego dijo: “Que el SEÑOR juzgue entre tú y yo, y que el SEÑOR me vengue de ti; pero mi mano no será contra ti” (1 Samuel 24:12).

David no estaba exhibiendo su justicia delante de Saúl. Él no era así. Era un hombre íntegro. Le dijo: “Saúl, pude haberte quitado la vida, pero no lo hice. Y aquí está la prueba. Cuando estuviste indefenso, no te ataqué. Dejaré que Dios juzgue entre tú y yo”.
Lea la respuesta de Saúl lentamente y con atención.

Entonces Saúl alzó su voz y lloró. Luego dijo a David:

—Tú eres más justo que yo, porque tú me has tratado bien, cuando yo te he tratado mal. Tú has demostrado hoy que me has hecho bien, porque el SEÑOR me entregó en tu mano, y tú no me mataste. Cuando un hombre halla a su enemigo, ¿lo deja ir sano y salvo? ¡El SEÑOR te recompense con bien por lo que has hecho conmigo este día! 1 Samuel 24:16-19.

Eso es ser un ejemplo viviente del proverbio: “Cuando los caminos del hombre le agradan al SEÑOR, aun a sus enemigos reconciliará con él”.

Pero espere un momento. Volvamos de nuevo a la realidad, porque este es un caso instructivo. Desearía poder prometerle que cuando usted hace lo correcto, su enemigo siempre verá su actitud equivocada con tanta rapidez como Saúl, cambiará, se arrepentirá y le verá de la manera correcta, pero no puedo hacer esa clase de promesa.

Usted tiene la responsabilidad de decirle la verdad a la persona, pero no es posible lograr que ésta cambie de opinión. Francamente, la persona puede llegar al fin de sus días creyendo en la mentira. Pero en los más profundo de su ser usted conocerá la satisfacción que produce esa sensación de haber actuado rectamente. Su conciencia estará limpia.