El arte de la persuasión

 

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«Cuando Saúl volvió de perseguir a los filisteos, le dieron aviso, diciendo: He aquí David está en el desierto de En-gadi. Y tomando Saúl tres mil hombres escogidos de todo Israel, fue en busca de David y de sus hombres, por las cumbres de los peñascos de las cabras monteses. Y cuando llegó a un redil de ovejas en el camino, donde había una cueva, entró Saúl en ella para cubrir sus pies; y David y sus hombres estaban sentados en los rincones de la cueva. Entonces los hombres de David le dijeron: He aquí el día de que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te pareciere. Y se levantó David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl.Después de esto se turbó el corazón de David, porque había cortado la orilla del manto de Saúl.Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová. Así reprimió David a sus hombres con palabras, y no les permitió que se levantasen contra Saúl. Y Saúl, saliendo de la cueva, siguió su camino.( 1 Samuel 24:1-7 )

Aquí vemos a un hombre que hizo lo correcto, y que logró que un grupo se le uniera. Los persuadió con sus palabras. Por extraño que parezca, el significado literal aquí es “desgarró”. Los desgarró con sus palabras. Es el mismo vocablo hebreo utilizado en Isaías 53 donde leemos:

“Él fue herido por nuestras transgresiones”. Significa atravesado, desgarrado, destrozado.

Tengo la idea de que los hombres de David no se limitaron solo a decir mansamente: “¿Piensas que actuaste bien al hacer eso?”. No, debieron haber tenido una discusión acalorada.

— ¡No seas tonto, David!, ¡a ese hombre lo único que le falta es quitarte la vida!
— Miren, simplemente ¡no puedo hacerlo!

Los argumentos iban y venían, pero Dios defendió un principio de justicia hasta que los razonamientos de los hombres fueron destrozados. Fueron persuadidos. Recuerde esto cuando usted esté en la cuerda floja en algún lugar. Quizás sea en su profesión o en su negocio. Quizás sea en la manera como ha hecho sus estudios o a llevado adelante su estilo de vida. Usted ha sido complaciente con sus principios, ha tratado de justificar sus acciones, y ha comenzado a ceder. Dios le dice: “No tienes por qué hacer eso. Vuelve a donde debes estar”.

¡Quién sabe a cuántos pudiera usted persuadir si se mantiene caminando con Dios! Pocas cosas son más contagiosas que un estilo de vida piadoso. La gente con la cual usted se relaciona cada día necesita esa clase de desafío. Usted no tiene que ser una persona mojigata. Ni sermoneadora. Solo tiene que llevar una vida limpia en todo momento. Ser íntegro, correcto, sincero. Tener una auténtica obediencia a Dios.

David persuadió a los hombres porque, básicamente, tenía absoluta confianza en Dios. Luchó con sus sentimientos de culpa, se jugó la vida por un principio justo, y se mantuvo firme con total confianza en que Dios arreglaría la situación, aun frente a toda la oposición. “Mía es la venganza, yo pagaré”, dice el Señor. Y David puso su confianza en eso.

Salomón, el hijo de David, escribiría más tarde: “Cuando los caminos del hombre le agradan al SEÑOR, aun a sus enemigos reconciliará con él” (Proverbios 16:7). ¡Qué promesa tan maravillosa! Sin embargo, en esta porción de la Escritura no aparece la palabra “fácil”, y ¿sabe por qué?, porque no es nada fácil.

Pocas cosas son más contagiosas que un estilo de vida piadoso.—Charles R. Swindoll