Cuando Dios dice «no»

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«Aconteció aquella noche, que vino palabra de Jehová a Natán, diciendo:Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more?Ciertamente no he habitado en casas desde el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he andado en tienda y en tabernáculo.Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedro? Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra. Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa.Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti.Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente. Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David.»(2 Samuel 7:4-17)

Dios le dice a David: «David, vas a saber lo que es la dicha de tener un hijo que construirá el templo. No será por tus esfuerzos, sino a través de tu hijo que se hará realidad este sueño.»

Aquí no se trata de una cuestión de pecado. No es un castigo de Dios sobre David como consecuencia de algo malo que él hubiera hecho. Simplemente, Dios está redirigiendo el plan de David, y dice: «Este es un gran propósito, pero a ti te digo ‘no’ y a tu hijo ‘sí’. Entonces, acéptalo.»

¿Es que David se equivocó cuando pensó en construir el templo?

No se trata de estar equivocado, sino de aceptar el «no» de Dios y de vivir con el misterio de su voluntad. Quienes vivimos en este mundo lo empaquetamos todo, y esperamos que Dios empaquete su plan para nosotros, tal como nosotros lo deseamos. Queremos que nuestra lógica sea también la suya. Y cuando no lo es, nos preguntamos ¿qué hicimos mal?, porqué la cosa no está funcionando de la manera que nosotros lo habríamos hecho.

Cuando Dios dice no, no es necesariamente por disciplina o por rechazo. Puede ser simplemente por redirección. Usted seguramente ha buscado saber su voluntad; ha querido hacer su voluntad. Con todas las buenas intenciones usted dijo: «Por la gracia de Dios voy a seguir adelante con esto.» Y treinta a sesenta años mas tarde, o quizás sólo cinco años después, el asunto no se ha hecho realidad.

Ahora bien, si usted escucha a algunas personas, podrá tener sentimientos de culpa. «¿Ves? Pusiste tu corazón en Dios, pero te has alejado de Él. Estás fuera de su voluntad.» No sé con cuantas parejas he hablado que, temprano en sus vidas, tenían planificado lo que querían lograr, pero las cosas no sucedieron como esperaban. Quizás el camino que están transitando ahora es la voluntad de Dios para ellos, y por eso fue necesario que Él les dijera «no», para llevarlos al camino correcto.

Lo que tenemos que hacer en nuestro andar con Dios es escuchar su voz cada día. No sólo volver a una decisión que hayamos tomado antes, y decir: «Esto es para siempre, pase lo que pase. Tenemos que examinar el asunto cada día, mantenerlo fresco, conservar el fuego ardiendo, posponerlo en nuestra mente, y decir Señor, ¿es esto lo que tú quieres? ¿Es éste tu plan? Si no lo es, hazme sensible a tu dirección; tal vez estás redirigiendo mi vida.»

¿Es éste tu plan? Si no lo es, hazme sensible a tu dirección.—Charles R. Swindoll