Corazón de pastor

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«Jehová dijo a Moisés: Sube a este monte Abarim, y verás la tierra que he dado a los hijos de Israel. Y después que la hayas visto, tú también serás reunido a tu pueblo, como fue reunido tu hermano Aarón. Pues fuisteis rebeldes a mi mandato en el desierto de Zin, en la rencilla de la congregación, no santificándome en las aguas a ojos de ellos. Estas son las aguas de la rencilla de Cades en el desierto de Zin. Entonces respondió Moisés a Jehová, diciendo: Ponga Jehová, Dios de los espíritus de toda carne, un varón sobre la congregación, que salga delante de ellos y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca, para que la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor. Y Jehová dijo a Moisés: Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él; y lo pondrás delante del sacerdote Eleazar, y delante de toda la congregación; y le darás el cargo en presencia de ellos. Y pondrás de tu dignidad sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezca. El se pondrá delante del sacerdote Eleazar, y le consultará por el juicio del Urim delante de Jehová; por el dicho de él saldrán, y por el dicho de él entrarán, él y todos los hijos de Israel con él, y toda la congregación. Y Moisés hizo como Jehová le había mandado, pues tomó a Josué y lo puso delante del sacerdote Eleazar, y de toda la congregación; y puso sobre él sus manos, y le dio el cargo, como Jehová había mandado por mano de Moisés.»(Números 27:12-23)

Moisés pide que haya un hombre “que salga y entre delante de ellos, que los saque y los introduzca, para que la congregación del SEÑOR no sea como ovejas que no tienen pastor” (v. 17). En otras palabras está diciendo: “Señor necesitamos un hombre que entienda que debe tener contacto con el pueblo antes de poder ministrarle. Tiene que ser una persona que se sienta bien en medio de la gente”.

Moisés estaba diciendo: “Estas personas no necesitan a un místico. No necesitan a un hombre preocupado por su amor a la investigación, por muy importante que pueda ser eso. Esa gente no necesita, en realidad, a un supereficiente superejecutivo ni a un brillante genio organizativo. Lo que necesitan es un pastor. Necesitan a un hombre que conozca al pueblo, que sirva a las personas, que las entienda y que sepa cómo guiarlas”.

En cualquier capacidad que usted pueda servir ya sea como maestro de Biblia, como estudiante que se prepara para el ministerio, o como una mujer que esté ministrando en el área para la cual tiene un don, su principal ministerio son las personas; no el manejo de papeles; no hacer llamadas telefónicas, no escribir cartas, no los programas de planificación; no devanarse los sesos diseñando estrategias para los siguientes diez años. Por supuesto, todo esto hay que hacerlo. Yo debo firmar o escribir un promedio de cuarenta a cincuenta cartas por semana, y también involucrarme en sesiones de planificación. Hay que manejar detalles administrativos (el menor número posible, sin que me halen las orejas).

¿Sabe usted que es lo más frecuente que oigo de las personas que comienzan a venir a nuestra iglesia? Les interesa mucho conocer a algunos de nuestro personal. Dicen: “Usted no me conoce, pero yo vengo a oírlo predicar los domingos”. Y casi se disculpan, cuando me dicen: «Lamento quitarle su tiempo, pero sólo quiero estrecharle la mano”. Yo me esmero por decir a cada una de estas personas: “Usted es tan importante como cualquier otra persona de toda la iglesia. No hay ningún miembro que no sea importante en la familia de Dios”. No digo esto como una declaración de buenas relaciones públicas, sino porque lo creo, y porque sé que es verdad. Quienquiera que sea usted, y haga lo que haga, es especial delante del Dios que le ha escogido.