El amargo fruto de la ira

agresivo«Llegaron los hijos de Israel, toda la congregación, al desierto de Zin, en el mes primero, y acampó el pueblo en Cades; y allí murió María, y allí fue sepultada. Y porque no había agua para la congregación, se juntaron contra Moisés y Aarón. Y habló el pueblo contra Moisés, diciendo: !!Ojalá hubiéramos muerto cuando perecieron nuestros hermanos delante de Jehová!» (Números 20:1-3)

Al llegar a este pasaje vemos a Moisés. . .  ¡Espere un minuto! ¿Es que no vimos algo? ¿Dónde recibió Moisés la autorización para hablar de esa manera tan severa? La verdad es que no fue Dios quien se la dio. Entonces, ¿quién se la dio? Su ira. Rebosando de hostilidad e incredulidad, toma esa vara y le predica un furioso sermón al pueblo. Sus malas pulgas lo llevan a aprovechar la oportunidad para desquitarse de esos rebeldes con una verborrea encendida.

Creo que incluso, hay un asomo de blasfemia aquí. “¿Sacaremos [nosotros] para vosotros agua de esta roca?”, se pregunta. Pero, Moisés, ¿cuándo sacaste tú alguna vez agua de una roca? ¿No es Dios quien saca el agua? Muy cierto. Pero cuando uno cede a la ira, en cierta manera pierde un poco la razón, anula su mente y es gobernado por las emociones de la ira desbordada. El texto dice que Moisés “levantó su mano y golpeó la roca con su vara dos veces” (20:11, cursivas añadidas).

Dios le había dicho que le hablara a la roca, pero Moisés la golpeó, no una vez, sino dos veces. Y yo, francamente tengo dudas de que a él le importara si iría a salir el agua. Probablemente esperaba que no sucediera. Estaba tan enojado, que quería que siguieran con sus gargantas secas. Quería que se asfixiaran y que la sed les hiciera retorcerse. “¿Ustedes creen, rebeldes incrédulos, que les vamos a dar agua? ¡Ja!”. Entonces le pega a la roca —¡pum! ¡pum!— y para su gran sorpresa sale agua dulce. La Biblia nos dice que “salió agua abundante, de modo que bebieron la congregación y su ganado” (v. 11). ¡Verdaderamente admirable! ¡Gracia admirable!

Pero así es como funciona la gracia de Dios, ¿verdad? ¿Alguna vez actuó usted con incredulidad temeraria, pero Dios siguió adelante y abrió la puerta a pesar de usted? ¡Qué humillación tan grande! Eso sucede cuando usted no está viviendo espiritualmente, cuando está andando carnalmente y usted bien lo sabe. Sabe cuándo comenzó todo, y conoce la profundidad e intensidad de su carnalidad, pero Dios, con todo misericordiosamente le da lo que es mejor para usted. ¿No es admirable esto que llamamos gracia? Fue la gracia lo que hizo que brotara ese chorro cristalino de agua fresca para los rebeldes israelitas, y también para el iracundo Moisés