Un siervo humilde

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«Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey.Y dijo Samuel: ¿Cómo iré? Si Saúl lo supiera, me mataría. Jehová respondió: Toma contigo una becerra de la vacada, y di: A ofrecer sacrificio a Jehová he venido.Y llama a Isaí al sacrificio, y yo te enseñaré lo que has de hacer; y me ungirás al que yo te dijere. Hizo, pues, Samuel como le dijo Jehová; y luego que él llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a recibirle con miedo, y dijeron: ¿Es pacífica tu venida?El respondió: Sí, vengo a ofrecer sacrificio a Jehová; santificaos, y venid conmigo al sacrificio. Y santificando él a Isaí y a sus hijos, los llamó al sacrificio. Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido. Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. Entonces llamó Isaí a Abinadab, y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: Tampoco a éste ha escogido Jehová. Hizo luego pasar Isaí a Sama. Y él dijo: Tampoco a éste ha elegido Jehová. E hizo pasar Isaí siete hijos suyos delante de Samuel; pero Samuel dijo a Isaí: Jehová no ha elegido a éstos. Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí.»(1 Samuel 16:1-11)

Dios vio en David la cualidad de la humildad. El Señor había ido al hogar de Isaí en forma de espíritu. Isaí no sabía que Dios estaba allí, en verdad nadie lo sabía. Dios estaba en una misión secreta de observación en ese hogar, y al ver al hijo más joven de Isaí, dijo, “¡Ese es mi siervo!”

¿Por qué razón? Porque, como vimos antes, el Señor vio en David un corazón que era como el suyo. El muchacho estaba cuidando fielmente a las ovejas de su padre. Dios vio humildad: vio un corazón de siervo. Si usted quiere tener una confirmación de esto, vaya al libro de los Salmos: “Hallé a mi siervo David y lo ungí con mi aceite santo” (Salmo 89:20).

Es como si Dios dijera: “A mí no me importa nada ese asunto de la imagen pública. Muéstrame a una persona que tenga el carácter, y yo le daré la imagen que necesita. Yo no exijo que tenga cierto temperamento; no me importa si tiene mucho carisma; no me importa su tamaño; no me importa si tiene una educación o un currículo impresionante. ¡Lo que me importa es el carácter! Me pregunto, primero: ¿Es la persona profundamente auténtica en su vida espiritual, o está fingiendo? Y segundo: ¿Es un siervo, está listo a servir a otros?”

Cuando usted tiene un corazón humilde, entonces usted es humilde. Hace lo que se le pide y no se rebela. Respeta a los que mandan. Sirve fiel y calladamente sin preocuparse por quién recibirá el crédito.

Así era David. Dios lo miró cuando estaba en el campo, en las colinas que rodeaban a Belén, cuidando a las ovejas de su padre, haciendo fielmente lo que este le había ordenado, y el Señor le dio su aprobación.

Repito: a un siervo no le preocupa quién recibe la gloria. Recuerde eso. Un siervo tiene un gran objetivo, que es hacer que la persona a quien sirve se vea mejor, y que se vuelva más exitosa. Un siervo no quiere que la persona a la cual sirve, fracase. A un siervo no le importa lo que piensen los demás, sino sólo que el trabajo se haga.

Tenemos entonces, que mientras los hermanos de David estaban en el ejército alcanzando gloria, popularidad, fama y participando en grandes e impresionantes batallas, David estaba solamente cuidando a las ovejas de su padre; y Dios amaba el corazón de su siervo David.

Cuando usted tiene un corazón humilde, sirve fiel y calladamente.—Charles R. Swindoll