La gente se aterra. . . Dios provee

Young woman reaching for the sun in countryside.

«Después Samuel dijo a Saúl: Jehová me envió a que te ungiese por rey sobre su pueblo Israel; ahora, pues, está atento a las palabras de Jehová. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos. Saúl, pues, convocó al pueblo y les pasó revista en Telaim, doscientos mil de a pie, y diez mil hombres de Judá. Y viniendo Saúl a la ciudad de Amalec, puso emboscada en el valle. Y dijo Saúl a los ceneos: Idos, apartaos y salid de entre los de Amalec, para que no os destruya juntamente con ellos; porque vosotros mostrasteis misericordia a todos los hijos de Israel, cuando subían de Egipto. Y se apartaron los ceneos de entre los hijos de Amalec. Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur, que está al oriente de Egipto. Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, pero a todo el pueblo mató a filo de espada. Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil y despreciable destruyeron. Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo: Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche.Madrugó luego Samuel para ir a encontrar a Saúl por la mañana; y fue dado aviso a Samuel, diciendo: Saúl ha venido a Carmel, y he aquí se levantó un monumento, y dio la vuelta, y pasó adelante y descendió a Gilgal. Vino, pues, Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová. Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ovejas y bramido de vacas es este que yo oigo con mis oídos? Y Saúl respondió: De Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos. Entonces dijo Samuel a Saúl: Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di. Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel?Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes.¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová?»(1 Samuel 15:1-19)

La trágica historia del rey Saúl es que él nunca, pero nunca se arrepintió totalmente de su pecado. La mayor preocupación de Saúl era su imagen, cómo se veía frente al pueblo. Aun después de que Samuel le dio una oportunidad Saúl se aprovechó de ella y continuó haciendo lo mismo hasta el día en se quitó la vida. ¡Qué cosa tan triste!

Samuel ya no daba más. El pueblo había elegido a Saúl como rey pero este no estaba calificado para seguir con tal responsabilidad ¿Qué podían hacer? Los enemigos rodeaban a Israel, y el pueblo necesitaba alguien que tomara el cetro. Pero, ¿quién podría tomarlo? Samuel no lo sabía y tampoco podía imaginar quién pudiera tomar tal responsabilidad. El pueblo tampoco lo sabía, y no se le ocurría ninguna idea. Nadie lo sabía. . . excepto Dios.

Lo que Samuel no había entendido igual que nosotros que muchas veces no entendemos, es que entre bastidores, antes de que lanzara las estrellas al espacio, Dios tenía ya el día de hoy en su mente. Él ya tenía la semana de hoy en mente. En realidad, le tenía a usted en mente. Y sabía exactamente lo que iba a hacer. Dios nunca ignora lo que hay que hacer en nuestras situaciones. Él sabe perfectamente bien lo que es mejor para nosotros. El problema nuestro es que somos nosotros quienes no lo sabemos. Y le decimos: “Señor, si me lo dices, entonces lo haré bien. Solamente revélamelo. Explícame tu plan, y confiaré en ti”. Pero eso no es fe. Fe es confiar en el Señor cuando no sabemos qué nos deparará el día de mañana.

Cuando un hombre o una mujer de Dios fallan, nada de Dios falla. Cuando un hombre o una mujer de Dios cambian, nada de Dios cambia. Cuando alguien muere, nada de Dios muere. Cuando nuestra vida es alterada por algo inesperado, nada de Dios es alterado o inesperado. Fue el profeta Isaías quien escribió: “Antes que llamen yo responderé; y mientras estén hablando, yo les escucharé” (Isaías 65:24).

“Antes de que digas una sola palabra”, Dios promete “yo tengo preparada la respuesta. En realidad, mientras tú hablas, yo estoy ocupado haciendo lo que planeé desde el comienzo”.

Dios sabe exactamente lo que Él va a hacer, y nada puede impedir que lo haga.

Dios sabe exactamente lo que Él va a hacer, y nada puede impedir que lo haga.—Charles R. Swindoll