Mandamientos por escrito

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«Aconteció que al tercer día, cuando vino la mañana, vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y sonido de bocina muy fuerte; y se estremeció todo el pueblo que estaba en el campamento.»(Exodo 19:16)

«No subirás por gradas a mi altar, para que tu desnudez no se descubra junto a él.»(Exodo 20:26)

El texto bíblico nos da dos buenas y saludables razones para indicarnos el porqué Dios quiso tener un encuentro con Moisés, y estas razones son:

Para crear un temor saludable del Todopoderoso. “Y Moisés respondió al pueblo:

‘No temáis, porque Dios ha venido para probaros, a fin de que su temor esté delante de vosotros para que no pequéis” (Éxodo 20:20).

Para comunicar por escrito sus mandamientos al pueblo. “Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: ‘Sube a mí, al monte, y espera allí. Yo te daré las tablas de piedra con la ley y los mandamientos que he escrito para enseñarles’. Se levantaron Moisés y Josué su ayudante, y Moisés subió al monte de Dios” (Éxodo 24:12, 13).

¿No es maravilloso que Dios le diera a su pueblo sus mandamientos por escrito, para que los obedecieran? Esta es la primera vez en toda la historia que Dios puso por escrito su Palabra. Hasta los días de Moisés no existía la Palabra de Dios escrita. Pero ahora lo estaba. ¡Piense en lo que significa para usted y para mí el que tengamos por escrito esas palabras! ¡Qué cosa tan gloriosa y maravillosa! ¡Y tomamos como cosa natural ese privilegio!

Antes del colapso de la Unión Soviética, mi amigo John Van Diest representó a la Asociación de Publicadoras Cristianas Evangélicas en la Feria del Libro de Moscú. Las autoridades les habían dado permiso a regañadientes para que distribuyeran gratuitamente un cierto número de Nuevos Testamentos en el idioma ruso, y se formó una larga fila de personas para recibir un ejemplar. Cuando se agotó la existencia, un hombre tremendamente desesperado preguntó si podían darle una de las cajas vacías donde habían estado esos Testamentos.

“Pero aquí no hay nada”, dijo John. “Todas las Biblias se agotaron”. Con lágrimas brillando en sus ojos, el hombre contestó: “Entonces, quiero tener por lo menos la caja”. La Biblia era tan preciosa para este hombre, que guardó como un tesoro la caja de cartón que había contenido a las Escrituras. Que nuestros ojos se abran para que veamos el maravilloso privilegio de tener en nuestras manos toda la Palabra de Dios escrita.