¿Un Dios demasiado pequeño?

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«En el mes tercero de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el mismo día llegaron al desierto de Sinaí.Habían salido de Refidim, y llegaron al desierto de Sinaí, y acamparon en el desierto; y acampó allí Israel delante del monte.Y Moisés subió a Dios; y Jehová lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob, y anunciarás a los hijos de Israel:Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado. Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo. Entonces Jehová dijo a Moisés: He aquí, yo vengo a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre.Y Moisés refirió las palabras del pueblo a Jehová. Y Jehová dijo a Moisés: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana; y laven sus vestidos, y estén preparados para el día tercero, porque al tercer día Jehová descenderá a ojos de todo el pueblo sobre el monte de Sinaí.Y señalarás término al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos, no subáis al monte, ni toquéis sus límites; cualquiera que tocare el monte, de seguro morirá.No lo tocará mano, porque será apedreado o asaeteado; sea animal o sea hombre, no vivirá. Cuando suene largamente la bocina, subirán al monte.Y descendió Moisés del monte al pueblo, y santificó al pueblo; y lavaron sus vestidos.Y dijo al pueblo: Estad preparados para el tercer día; no toquéis mujer.» (Éxodo 19:1-15)

Tan, pero tan grande debió ser este respeto por la santa presencia de Dios, que nadie debía siquiera tocar la montaña. El pueblo tenía que esperar a que Dios le hablara a Moisés y escuchar las palabras del Señor a través de su siervo.

¡Qué recordatorio tan necesario! Esta historia muestra claramente que vivimos en un tiempo donde el concepto de Dios es lastimosamente frívolo. Cierta música cristiana contemporánea deja la impresión de que Dios es nuestro igual, un amigo que nos viene de perlas cuando nos encontramos en un apuro. Cierta estrella del cine dijo una vez de Dios: “Él es mi ‘papazote’ que tengo arriba”. Y un cantante de música popular se pregunta: “¿Y si Dios fuera un patán como nosotros?” Ese no es el concepto bíblico de Dios. Ese es el débil intento humano de hacer a Dios pertinente.

Los puritanos, un riguroso pueblo de antaño, tenían un concepto de Dios sólidamente bíblico. ¿Sabe usted por qué es tan importante que recuperemos ese respetuoso concepto? Porque un concepto superficial de Dios lleva a una vida superficial. Desvalorice a Dios, y desvalorizará su vida. Trate a Dios frívolamente, y usted se volverá una persona frívola. Pero tenga el más profundo respeto por Dios, y verá cuán profundas se volverán las raíces de su vida espiritual.

Dios es santo. Excelso. Él es el único y sabio Dios, el Creador, el Hacedor, el Señor soberano. Él es el Amo. Él me dice lo que tengo que hacer, y no tengo más opción que hacerlo. Él no ofrece ninguna alternativa, ninguna multiplicidad de posibilidades. No tenemos sino una sola orden, que es hacer su voluntad. Y reafirmamos esa verdad en nuestros momentos con Él.

Pero no se lo ve así hoy en día; hoy en día Él es nuestro igual, nuestro comprensivo camarada, nuestro siempre confiable paje de hotel. ¡No, no lo es! El Señor es nuestro Dios. Él no se somete a nuestro paso apresurado, sino que espera en silencio que nosotros cumplamos con sus demandas. Una vez que aflojamos el paso lo suficientemente como para encontramos con Él; Él se deleita dándonos una increíble profundidad espiritual para que nuestras vidas no sean superficiales.

¿Cuál ha sido su concepto del Señor? ¿Quién es su Dios? Sea sincero en este momento. ¿Se parece él al Dios del monte Sinaí?

Un respeto profundo por Dios le dará raíces profundas a su vida espiritual.—Charles R. Swindoll