Autopista a la tierra prometida

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«Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen.Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco.Y he aquí, yo endureceré el corazón de los egipcios para que los sigan; y yo me glorificaré en Faraón y en todo su ejército, en sus carros y en su caballería; y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando me glorifique en Faraón, en sus carros y en su gente de a caballo. Y el ángel de Dios que iba delante del campamento de Israel, se apartó e iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos se apartó y se puso a sus espaldas, e iba entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel; y era nube y tinieblas para aquéllos, y alumbraba a Israel de noche, y en toda aquella noche nunca se acercaron los unos a los otros. Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas. Entonces los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda.» (Éxodo 14:15-22)

De haber estado nosotros a cargo del proyecto mar Rojo, lo habríamos manejado de una manera muy diferente. Nuestro grupo de ingenieros habría hecho retroceder toda esa agua con una semana de anticipación. Habríamos instalado gigantescos ventiladores para secar la tierra, y habríamos erigido inmensos avisos de neón. Alguien habría establecido una venta de bebidas y pan dulce. Lo que sucede es que cuando la gente es quien lo hace, el proyecto adquiere todos los distintivos de las grandes empresas impulsadas por el mercado. Lo sobrenatural es fácilmente eclipsado por la inventiva humana.

Pero ese no es plan de Dios. Él quiere que usted sea arrinconado y superado numéricamente. Y no hay letreros. No hay una campaña publicitaria habilidosa. No hay grandes recursos humanos con los cuales contar. Sólo hay un mar Rojo insalvable y un amenazante ejército de imposibles. Por eso, usted tiene que esperar y el tiempo pasa. El Señor dará su pelea, a su manera y en su tiempo. Usted podrá comerse las uñas todo lo que quiera, pero Él no tiene ninguna prisa.

¿Se siente usted arrinconado ahora mismo? ¿Está enfrentado a un imposible? ¿Está abrumado? Escuche, atentamente lo siguiente: esa dificultad suya es por designo del Señor. Él toma esos sufrimientos y esos sentimientos de temor con el fin de prepararlo para los días gloriosos de la liberación.

Es posible que usted sea un adulto soltero. Esos pueden ser años frustrantes y difíciles. Más que nada, a usted le gustaría encontrar a alguien con quién casarse.

O tal vez esté casado, pero se ha dedicado tanto a ganarse la vida, que no ha vivido la vida, y el tiempo para hacerlo ya se fue.

O quizás se siente acorralado por un padecimiento físico por el que ha sufrido durante semanas, meses y tal vez años . . . y todavía sigue en esa silla de ruedas.

Escuche con cuidado y lea esto despacio. Tanto el hecho de llegar al mar Rojo como el cruzarlo, ambos son parte del plan de Dios. Pudiera ser que el Señor está destruyendo un hábito que se originó en Egipto, un hábito que no tiene por qué vivir en Canaán. Esos hábitos son difíciles de romper. Las lágrimas fluyen cuando Dios hace su trabajo en su tiempo, pero en esas lágrimas ardientes Dios se vuelve muy importante y real. Nos daremos cuenta, final, de que una dificultad en las manos de Dios conduce finalmente a una autopista a la tierra prometida.

 

Lo sobrenatural es fácilmente eclipsado por la inventiva humana.—Charles R. Swindoll