El ingrediente indispensable

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«Jehová dijo a Moisés: Una plaga traeré aún sobre Faraón y sobre Egipto, después de la cual él os dejará ir de aquí; y seguramente os echará de aquí del todo.Habla ahora al pueblo, y que cada uno pida a su vecino, y cada una a su vecina, alhajas de plata y de oro.Y Jehová dio gracia al pueblo en los ojos de los egipcios. También Moisés era tenido por gran varón en la tierra de Egipto, a los ojos de los siervos de Faraón, y a los ojos del pueblo. Dijo, pues, Moisés: Jehová ha dicho así: A la medianoche yo saldré por en medio de Egipto, y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias. Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá.Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas. Y descenderán a mí todos estos tus siervos, e inclinados delante de mí dirán: Vete, tú y todo el pueblo que está debajo de ti; y después de esto yo saldré. Y salió muy enojado de la presencia de Faraón. Y Jehová dijo a Moisés: Faraón no os oirá, para que mis maravillas se multipliquen en la tierra de Egipto. Y Moisés y Aarón hicieron todos estos prodigios delante de Faraón; pues Jehová había endurecido el corazón de Faraón, y no envió a los hijos de Israel fuera de su país.»(Éxodo 11:1-10)

El punto principal, el ingrediente fundamental del libro de Éxodo capítulos 11 y 12, es la obediencia. Dios habló y algunos escucharon e hicieron lo que Él dijo. Por eso Dios los utilizó para cumplir con Su plan en este momento de la historia.

Dios sabía de antemano qué uso le darían a esa plata y a ese oro cuando la nueva nación llegara al monte Sinaí en el desierto. Dios ya tenía algo en mente que nadie jamás había imaginado, el tabernáculo de reunión donde se encontrarían muy de cerca con el Dios santo y majestuoso que los había libertado.

En ese momento, Dios no les dijo por qué necesitarían esos metales preciosos. Sólo les dijo: “Pídanles”, y ellos lo hicieron: a eso se llama obediencia.

¿No es esto alentador? En pasajes anteriores leímos que Moisés tuvo momentos muy difíciles. Fue cuando el ex pastor de ovejas estuvo en una posición precaria, regañado por el rey y definitivamente odiado por los líderes hebreos. Pero ahora leemos que es considerado “un gran hombre” en Egipto por los egipcios. Desde la corte del faraón hasta el hombre de la calle, la gente decía:
“Ese es un gran hombre.”

¿Sabe usted por qué era verdad esto? Porque Moisés se mantuvo luchando solo en la brecha y confió en Dios (le obedeció), y por eso tuvo el favor del Señor. Al Señor le encanta hacer esto. ¿Recuerda Proverbios 16:7? “Cuando los caminos del hombre le agradan al SEÑOR, aun a sus enemigos reconciliará con él”. Vemos eso confirmado una vez más en la vida de Moisés.

Esa puede ser la palabra que usted está necesitando del Señor hoy. Quizás en su trabajo ha tenido un inconveniente con alguien; hay un asunto de integridad en juego, y usted está resuelto a ser fiel a la verdad. Debido a su posición como cristiano o al tomar en cuenta a Cristo, encuentra que no es querido. Pero puedo asegurarle que si maneja la situación con tacto y prudencia, Dios se encargará de que un día sea estimado a los ojos de esos que son ahora sus enemigos. Ellos respetarán su posición porque estuvo solo en la brecha haciendo lo correcto.