Plagas que predican

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«Cuando Jehová habló a Moisés en la tierra de Egipto,» (Éxodo 6:28)

 » Y Moisés respondió: Bien has dicho; no veré más tu rostro.»(Éxodo 10:29)

Estoy convencido de que este terrible despliegue de castigos en Egipto, de que esta batalla entre un Dios justo y santo y el terco corazón del faraón, tiene al menos dos grandes enseñanzas para nosotros.

Primera: Cuando Dios castiga, lo hace de verdad.
Segunda: Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo.

Llevemos esto a un plano más personal. Es posible que usted esté en la zona de peligro mientras lee estas palabras. Ha jugado irresponsablemente con su vida, ignorando advertencia tras advertencia. Ha puesto de lado verdades fundamentales durante tanto tiempo, que su corazón se ha endurecido. Y cuanto más tiempo lo endurezca, más difícil le resultará dejar que la luz de Dios finalmente penetre en su vida.

Pero hay un lado alegre en esta triste historia. Cuando Dios bendice, no se guarda nada. Es lo que se llama gracia. Fue la gracia de Dios lo que salvó a los hijos de Israel en la tierra de Gosén. Cuando Egipto estaba lleno de tinieblas, los hebreos rebosaban de luz. Eran una ciudad sobre una colina que brillaba durante la noche, si solamente el faraón hubiera tenido ojos para verlo.

Es posible que usted sea alguien que ha disfrutado de la maravillosa gracia de Dios y de su favor en su vida. Sus días están saturados de su protección, de su provisión, de sus bendiciones cada día y de su favor inmerecido. Usted puede, entonces, dar gracias a Dios por un lugar en la tierra de Gosén. Disfruta de la protección de Dios, de un plan especial que le distingue de aquellos que viven bajo su ira. Créame, nada en esta vida o en la futura es más serio y más grave que la ira de Dios. Hay quienes son quebrantados dichosamente quebrantados— por esa ira. Pero hay otros que solo se endurecen.

Las plagas de la vida son difíciles de soportar, son tan dolorosas hasta más no poder. Pero Dios no tiene el deseo de dejarnos solos en nuestro dolor y en nuestra angustia. Habacuc clamó una vez a Dios, diciendo: “En medio de la ira acuérdate de tener misericordia” (Habacuc 32).

Eso es lo que ha hecho nuestro Dios. Jesús, quien soportó la ira de Dios al máximo en la cruz, nos invita ahora a ir del brazo con Él por el resto de nuestra vida. Él es nuestro fiel y siempre presente Amigo. Ninguna catástrofe de este mundo jamás podrá separarnos al estar tomados por su gracia, o quitarnos el gozo de disfrutar de su amor. Déle gracias por ambas cosas hoy.

 

Cuando Dios bendice, no se guarda nada. Es lo que se llama gracia.—Charles R. Swindoll