Un regocijo histórico

cristianos

«Y aconteció que a la medianoche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y todo primogénito de los animales. Y se levantó aquella noche Faraón, él y todos sus siervos, y todos los egipcios; y hubo un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hubiese un muerto.» (Éxodo 12:29-30)

 «Envió a su siervo Moisés,Y a Aarón, al cual escogió. Puso en ellos las palabras de sus señales,Y sus prodigios en la tierra de Cam. Envió tinieblas que lo oscurecieron todo;No fueron rebeldes a su palabra. Volvió sus aguas en sangre, Y mató sus peces. Su tierra produjo ranas . Hasta en las cámaras de sus reyes. Habló, y vinieron enjambres de moscas,Y piojos en todos sus términos.Les dio granizo por lluvia, Y llamas de fuego en su tierra.Destrozó sus viñas y sus higueras,Y quebró los árboles de su territorio. Habló, y vinieron langostas,Y pulgón sin número; Y comieron toda la hierba de su país,Y devoraron el fruto de su tierra.Hirió de muerte a todos los primogénitos en su tierra, Las primicias de toda su fuerza.Los sacó con plata y oro;Y no hubo en sus tribus enfermo.Egipto se alegró de que salieran, Porque su terror había caído sobre ellos.»
(Salmo 105:26-38)

Esa noche, en vez de tristeza y temor, había regocijo. ¿No es admirable? En el viento se respiraba la dulce fragancia de la libertad. Nos encanta cantar el himno: “Tu santo nombre alabaré, bendito Redentor; ni lenguas mil cantar podrán la grandeza de tu amor” (Himnario Bautista # 39, Tu Santo Nombre Alabaré). Si usted cree que eso suena bien, ¿cómo le suena “Ni lenguas mil podrán cantar”? Usted habría podido escuchar esas voces resonando a la distancia en el vacío desierto, mientras Moisés iba al frente y la gozosa multitud le seguía. Grandes nubes de polvo se alzaban mientras los hijos de Jacob salían de Egipto, dejando atrás las cadenas que les habían esclavizado.

Piense en el día o noche en que usted llegó a conocer al Señor Jesús como su Salvador. ¿Puede volver a experimentar la emoción de ese momento? ¿Recuerda al amigo que le dio las buenas nuevas acerca de la provisión de Dios para el pecado, y de su ofrecimiento de vida eterna? ¿Recuerda cuando entendió que eso era realmente para usted? ¿Recuerda cuando el pastor o el maestro explicaron el evangelio, y por primera vez esa explicación tuvo, en realidad, sentido para usted?

¿Recuerda cuando su papá o su mamá se sentaron con usted en su dormitorio y le explicaron la verdad acerca del pecado, de Cristo y de la eternidad, y usted dijo: “Hoy es la noche”?

¿Fue esa una experiencia dura, difícil? Es verdad que usted dejó atrás todas las cosas familiares de Egipto, ¡pero no olvide que también dejó atrás sus cadenas! Dejó atrás los años de esclavitud al dominio del pecado, y después comenzó a saborear la provisión de Dios. Comenzó a beber de los pozos profundos de su gracia. Nada le supo jamás tan dulce y refrescante.

Pero la cosa no ha terminado, hermano; hay mucho más. El plan del Señor va mucho más allá de haberlo sacado de Egipto. El Plan “A” fue hacerlo parte de su familia. El Plan “B” es introducirlo en su voluntad, por el resto de su vida. Quizás es aquí donde se encuentra usted ahora mientras lee estas palabras. Se da cuenta de que está a punto de entrar en un territorio desconocido y de seguir a Dios adonde usted nunca ha estado antes. ¡Viéndolo a través de los ojos de los antiguos hebreos, usted está a punto de hacer historia! ¡Felicitaciones! ¡Adelante!