Vaya solo

79d

«Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar. Y él dijo: !!Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar. Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla bien? Y he aquí que él saldrá a recibirte, y al verte se alegrará en su corazón. Tú hablarás a él, y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer. Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.Y tomarás en tu mano esta vara, con la cual harás las señales.» (Éxodo 4:11-17)

Luego de oír las objeciones de Moisés, ¿sabe usted lo que hizo Dios? Complació el deseo de Moisés. Pero la concesión dejó mucho que desear; su hermano Aarón resultó ser un gran problema. Fue Aarón quien se impacientó mientras Moisés estaba en la montaña, e hizo un becerro de oro para que el pueblo lo adorara. Fue él quien le dijo al pueblo: “Israel, éste es tu dios que te sacó de la tierra de Egipto!” (Éxodo 32:1).

Al leer estas palabras, usted puede sentir el impulso de Dios de lanzarse por fe a un plan que en el mejor de los casos parece riesgoso. Usted no tiene todas las respuestas. No sabe los cómo, los porqué y los para qué de lo que Dios se propone. Desde un punto de vista humano las perspectivas lucen tétricas. ¿Sabe cuál es nuestra tendencia? Es tomar a alguien con nosotros. Por alguna razón, eso nos evita tener que poner toda nuestra confianza en el plan de Dios; podemos apoyarnos en ese hermano o en ese amigo talentoso que tenemos a nuestro lado.

¿Cuántos hombres se asociaron con alguien en un negocio, y después lamentaron el día en que lo hicieron? ¿Cuántas mujeres se involucraron en algunas actividades con una persona, y después desearon no haberle pedido nunca que se uniera a ellas? El llamamiento de Dios es una cuestión seria y personal. Aunque creo con todo el corazón en la rendición de cuentas, el llamamiento que hace Dios no es grupal o colectivo. Por eso, antes de que usted se asocie con alguien para responder a ese llamamiento, o antes de que se una a un equipo, asegúrese bien en su corazón de que todos tengan la misma visión que late en su corazón.

Si no es así, tome entonces este consejo, hermano mío: Hágalo solo. Y siga la voz de Dios sin distraerse.

Dios estuvo finalmente dispuesto a decirle a Moisés: “De acuerdo, que sea como tú dices. También enviaré a Aarón, pero no es lo mejor que yo habría deseado. Llegará el día cuando desearás haber seguido mi llamamiento solo. Tú no necesitas en realidad a Aarón; al único que necesitas es a Mí.”

                    «El llamamiento de Dios es una cuestión seria y personal.»