La vara de Dios

Imágenes-de-amistad-con-Jesus-10

«Y dijo Jehová a Moisés: Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo. Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito.Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir; he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito. » (Éxodo 4:21-23)

Dios le estaba diciendo a su siervo: “Moisés, tú simplemente preséntate ante faraón y dale la noticia. A él no le va a gustar nada, no le caerá bien. Pero no olvides que aun su terco y endurecido corazón no está fuera de mi voluntad.” En los versículos que siguen, Dios le da a Moisés instrucciones específicas en cuanto a lo que debía decir cuando se enfrentara a esa pared de hierro. “Entonces dirás al faraón: Así ha dicho el SEÑOR: ‘Israel es mi hijo, mi primogénito. Yo te digo que dejes ir a mi hijo para que me sirva. Si rehúsas dejarlo ir, he aquí que yo mataré a tu hijo, a tu primogénito’” (Éxodo 4:22, 23).

Hablando sencillamente, fue un mensaje atrevido. Alguien llega del desierto a un nuevo país, consigue una audiencia con el rey, se para frente a él cara a cara, y le dice: “Faraón, Dios te dice que dejes marchar a su pueblo. Pero como te negarás a hacerlo, tu hijo morirá.”

¡Caramba, qué palabras tan duras! Sin embargo, eran las palabras del Señor. Qué bueno que Moisés ya había aprendido a obedecer a su Señor en Madián. No discutió con él; la Biblia no dice que titubeó en lo más mínimo. Cuarenta años en el desierto habían transformado al hombre. Estaba listo para ser el vocero de Dios, sin importar las consecuencias. En realidad, a partir de ese momento, Moisés pareció tener una tranquila confianza en su trato con el irritable faraón. Debió haberse sentido invencible, sabiendo que estaba en el centro de la voluntad de Dios.

Pudiéramos llamar “obras de justicia” cualquier obra hecha dentro de la voluntad de Dios, y al llevar a cabo esa obra, usted se verá rodeado de paz. En lo más profundo de su ser, en la realización de ese servicio y en esa vida de obediencia, usted disfrutará de serenidad y confianza. La palabra hebrea original vertida como “confianza” aquí, pudiera traducirse mejor como “seguridad.”

En otras palabras, habrá una serena y segura confianza si uno anda en la voluntad de Dios. Habrá una sensación invisible de seguridad interior, aceptada con sencillez y humildad. Todo creyente en Jesucristo anhela experimentar esa seguridad, que viene de estar en el flujo ininterrumpido de su voluntad. Esta nos cubre cuando hacemos la voluntad de Dios, a la manera de Dios.

Tendrá una serena y segura confianza si anda en la voluntad de Dios.—Charles R. Swindoll