Dios se preocupa por usted

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«Así se fue Moisés, y volviendo a su suegro Jetro, le dijo: Iré ahora, y volveré a mis hermanos que están en Egipto, para ver si aún viven. Y Jetro dijo a Moisés: Ve en paz.Dijo también Jehová a Moisés en Madián: Ve y vuélvete a Egipto, porque han muerto todos los que procuraban tu muerte. Entonces Moisés tomó su mujer y sus hijos, y los puso sobre un asno, y volvió a tierra de Egipto. Tomó también Moisés la vara de Dios en su mano. Y dijo Jehová a Moisés: Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo. Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. Ya te he dicho que dejes ir a mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir; he aquí yo voy a matar a tu hijo, tu primogénito.Y aconteció en el camino, que en una posada Jehová le salió al encuentro, y quiso matarlo. Entonces Séfora tomó un pedernal afilado y cortó el prepucio de su hijo, y lo echó a sus pies, diciendo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre.Así le dejó luego ir. Y ella dijo: Esposo de sangre, a causa de la circuncisión. Y Jehová dijo a Aarón: Ve a recibir a Moisés al desierto. Y él fue, y lo encontró en el monte de Dios, y le besó.Entonces contó Moisés a Aarón todas las palabras de Jehová que le enviaba, y todas las señales que le había dado. Y fueron Moisés y Aarón, y reunieron a todos los ancianos de los hijos de Israel. Y habló Aarón acerca de todas las cosas que Jehová había dicho a Moisés, e hizo las señales delante de los ojos del pueblo. Y el pueblo creyó; y oyendo que Jehová había visitado a los hijos de Israel, y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron.»(Éxodo. 4:18-31)

Al leer este pasaje, ¿no piensa usted que Dios es misericordioso? Tenemos un Señor que conoce nuestro corazón, nuestros pensamientos y nuestros temores. Cuando Moisés salió de Egipto 40 años antes, había quienes lo buscaban para matarlo. Probablemente estaba a la cabeza de la lista de la versión egipcia de “los diez criminales más buscados.”

Moisés no había sido olvidado, por supuesto. Ahora era un padre de familia, dirigiéndose hacia el oeste con su esposa y sus hijos, y ese peligro potencial debió haber abrumado su mente. Esa era una de las razones, para empezar, por las que había sido renuente a ir. Pero cuando tomó la decisión de aceptar la voluntad de Dios, se decidió a hacer el viaje a pesar de esa preocupación. En realidad, lo que le dijo a Dios fue: “Señor, voy a confiar en ti con todo mi corazón. No voy a apoyarme en mis propias capacidades. En todo lo que haga voy a darte a ti el reconocimiento, y a dejar que seas tú quien se encargue de los obstáculos.”

Entonces afirmó el rostro hacia Egipto e inició su marcha en obediencia a Dios. Sin embargo, antes de salir del territorio de Madián, el Señor hizo algo por su siervo. Le dijo: “Oh, a propósito, Moisés, ¿te acuerdas de aquellos que querían matarte en Egipto? No te preocupes por ellos. Están todos muertos. Ya no podrán hacerte ningún daño.”

Debió ser algo digno de verse, esa pequeña familia descendiendo por el camino del desierto. Su esposa, Séfora, iba montada sobre el asno; los dos hijos iban retozando al frente y las pocas pertenencias de la familia probablemente estaban atadas al lomo del animal. Se habían marchado dejando un trabajo seguro, parientes, seguridad y la familiaridad de su ambiente. Madián no era una gran cosa, pero había sido su hogar durante 40 años. Y ahora se dirigían a Egipto, camino al éxodo. ¡Qué fe tan grande!

¿Ha respondido usted por fe recientemente? ¿Se ha adentrado en terrenos, siguiendo el impulso de Dios, en los cuales jamás habría soñado hace cinco años? El Señor honrará su fe si pone su confianza en Él en esa clase de aventura. Quienes deciden permanecer en la falsa seguridad de Madián nunca experimentarán lo que Moisés experimentó en ese sinuoso viaje a Egipto, la sensación de estarse moviendo en la poderosa corriente del plan y la voluntad de Dios. ¡Siga usted adelante!

Que gran sensación es moverse en la poderosa corriente del plan de Dios. —Charles R. Swindoll