Zarzas inflamables

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«Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: !!Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios. Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias,  y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo. El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.»( Éxodo 3:4-10 )

Ponga en acción su imaginación por unos instantes. ¿Cuál era el gran mensaje de Dios para Moisés en ese momento? Puede haber tenido pensamientos como estos: “Moisés, hace 40 años eras una zarza magnífica, admirado por tu propio follaje. Tenías ramas largas y fuertes, y hojas verdes y exuberantes. Pero cuando tu zarza comenzó a arder, desapareció en menos de 48 horas. A tus grandiosos planes los devoró el fuego, abrasando tus sueños y consumiendo tus ambiciones al mismo tiempo. No quedó nada, ¿verdad? Esa era tu vida, Moisés, y después corriste a otro país como un conejo asustado para evitar ser linchado por las turbas egipcias.

“Tú pensabas que eras una zarza especial, la mejor, antes de que sucediera eso, y ahora crees que no sirves para nada. Escucha, hombre: ¡cualquier zarza servirá mientras yo, el gran Dios de toda gracia, esté en la zarza! Yo quiero utilizarte, Moisés. ¡Estate quieto, y deja que yo te encienda!”.

¿Qué se necesita para calificar como una zarza que Dios utilizará?
Tienes que secarte totalmente y volverte espinoso. De acuerdo, yo califico.
Tienes que volverte sucio y polvoriento. Muy bien, puedes contar conmigo.
Tienes que ser una persona sencilla. De acuerdo. Esa soy yo. ¿Qué más, Señor?
Tienes que arder. Dios está buscando zarzas inflamables. En el mundo cristiano hay muchas zarzas y muchos arbustos magníficos que no son capaces de arder. Están hechos de asbesto. Usted no podría encenderlos ni con un soplete. Tampoco con napalm. Son hermosas réplicas de hermosas plantas, pero no arden. Lo cual significa que no son de utilidad para Dios.

La verdad es que, cualquier vieja zarza arderá mientras Dios esté en ella. Eso es lo que él le estaba diciendo a Moisés: “Quiero que ardas para mí como ningún hombre ha ardido antes. Has sido secado y bien fogueado durante estos años en este triste desierto. ¡Yo te necesitaba así de seco! Y yo he podado todas esas cosas de las cuales solías agarrarte y que tanto significaban para ti. Te he reducido a un sencillo amor por mí. Eso es todo lo que tienes ahora para ofrecer,

Moisés, y eso es todo lo que quiero”.