Una especialidad en “malestar”

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«Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. «(Éxodo 3:1 )

 «Al oír esta palabra, Moisés huyó, y vivió como extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos. Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza.» (Hechos 7:29, 30)

Observe cuidadosamente cómo se llevó a cabo el proceso de aprendizaje  en el desierto a través de esos años, porque es lo mismo que sucede con usted y conmigo. Dios tiene que abrirse paso a través de barreras externas y duras que hay en nuestra vida, antes de que él pueda renovar nuestra alma. Su objetivo permanente es introducirse en lo más íntimo ele le persona. Como testificó David: “He aquí, tú quieres la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría” (Salmo 51:6).

¿Qué son esas capas resistentes que hay en nuestro corazón, y cómo penetra Dios en ese lugar oculto? En primer lugar, él encuentra orgullo. Y utiliza el papel de lija del anonimato para quitarlo poco a poco.

Después de esto, nos encuentra atrapados por el temor, el temor a nuestro pasado, la ansiedad por el presente, el terror por lo que puede haber en el futuro, y utiliza el paso del tiempo para quitarnos ese temor. Aprendemos que las cosas no están de ninguna manera fuera de control; están en sus manos.

Luego él encuentra la barrera del resentimiento, la tiranía de la amargura. El Señor destruye esa capa con la soledad. En el silencio de su presencia, recibimos una nueva perspectiva, renunciamos poco a poco a nuestros preciosos derechos, y desistimos de las expectativas que nos tenían cautivos.

Por último, él examina los hábitos básicos de la vida, penetra nuestra intimidad, y allí produce malestar y penalidades para quitar esa última capa de resistencia. ¿Por qué razón? Para que él pueda renovar la esencia de nuestro ser.

¡Agárrese de la mano de su Guía! Él es el Señor del desierto. Haga de eso su desierto. El objeto más precioso del amor de Dios es su hijo que está en el desierto. Y si eso fuera posible, usted significa más para él durante ese tiempo, que en cualquier otro momento. Usted es la niña de sus ojos. Es su amado
estudiante que está tomando sus cursos más difíciles. Y mientras lo prueba, él le ama con un amor sin medida e infinito.

Jesús atravesó primero el desierto. Sintió su calor. Soportó su soledad. Aceptó su anonimato. Se enfrentó a Satanás mientras rugían los vientos del desierto. Y usted puede tener la seguridad de que él nunca, nunca olvidará o abandonará a quien lo sigue a través de este desierto.