Tumbos en el camino

 

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«En aquellos días sucedió que crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos. Entonces miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena. Al día siguiente salió y vio a dos hebreos que reñían; entonces dijo al que maltrataba al otro: ¿Por qué golpeas a tu prójimo? Y él respondió: ¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio? Entonces Moisés tuvo miedo, y dijo: Ciertamente esto ha sido descubierto.Oyendo Faraón acerca de este hecho, procuró matar a Moisés; pero Moisés huyó de delante de Faraón, y habitó en la tierra de Madián.»  (Éxodo 2:11-15 )

 

Primero, sorpresa; luego, confusión, seguida por el temor, como garras heladas sobre el corazón. Cuando todo el mundo se enteró del gran secreto que Moisés guardaba, a este le entró la tembladera. Según el relato bíblico, por el temor “huyó de la presencia del faraón.” ¿Por qué huyó? El versículo 15 nos lo dice: “El faraón. . .procuró matar a Moisés.” Ahora que Moisés había revelado sus intenciones, sin proponérselo, donde estaba su verdadera lealtad, el faraón no podía tener cerca a esa amenaza. A los ojos del rey, un príncipe desleal y desenfrenado estaba mejor muerto que vivo. ¡Qué repercusiones tan terribles tuvo la precipitada acción de Moisés!

Es muy posible que usted, también, se haya visto obligado a lidiar con consecuencias parecidas. La historia de su vida puede reflejar una constante de mucha ambición pero de poca sabiduría. De grandes deseos, pero poco discernimiento. De grandes aspiraciones, pero poca humildad. De mucho celo, pero poca prudencia. Por tanto, usted tiene que pasársela corriendo, esto tiene que hacerlo una y otra vez. Ha corrido más rápido cada vez, pero nunca ha tenido éxito. Nadie le ha llevado a donde quería ir. Y si se dijera la verdad, se sabría que sus acciones impulsivas le han llevado a situaciones insoportables.

En mi opinión, sólo hay una cosa peor que estar al final de una vida dirigida por uno mismo y es estar en medio de esa vida.

Usted dirá: “Bueno, ya soy un hombre maduro de 30 años, y sé lo que hago.” Pero Moisés tenía 40 años.

Usted dirá: “¡Oiga, no soy ningún novato! ¡Estudié y estoy más preparado de lo que usted cree!” ¿Más que Moisés? Recuerde que, a estas alturas de su vida, él había sido “instruido en toda la sabiduría de los egipcios” (Hechos 7:22).

Parte del problema es nuestro impresionante currículo. A veces, somos educados más allá de nuestra inteligencia. ¡Sabemos más de lo que somos capaces de manejar con prudencia! Pero la verdad es que, cuando usted confía en la carne para hacer las cosas, no necesita más educación. No necesita tener un título más. No necesita más seminarios de capacitación. Sencillamente, lo que usted necesita es sabiduría. Al igual que yo. Al igual que todos los que somos parte del pueblo de Dios.

Pero, para discernir la sabiduría hace falta tiempo. Hace falta dar algunos tumbos en el camino. Hace falta tener algunos fracasos y tragar unas cuantas dosis, grandes y amargas, de humildad. Querido amigo, ¡bienvenido a la realidad!

 

Para discernir sabiduría hace falta tiempo, fracasos y una dosis de humildad.—Charles R. Swindoll