Una influencia perdurable

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«Y ahora tus dos hijos Efraín y Manasés, que te nacieron en la tierra de Egipto, antes que viniese a ti a la tierra de Egipto, míos son; como Rubén y Simeón, serán míos.Y los que después de ellos has engendrado, serán tuyos; por el nombre de sus hermanos serán llamados en sus heredades.Porque cuando yo venía de Padan-aram, se me murió Raquel en la tierra de Canaán, en el camino, como media legua de tierra viniendo a Efrata; y la sepulté allí en el camino de Efrata, que es Belén.Y vio Israel los hijos de José, y dijo: ¿Quiénes son éstos? Y respondió José a su padre: Son mis hijos, que Dios me ha dado aquí. Y él dijo: Acércalos ahora a mí, y los bendeciré. Y los ojos de Israel estaban tan agravados por la vejez, que no podía ver. Les hizo, pues, acercarse a él, y él les besó y les abrazó.Y dijo Israel a José: No pensaba yo ver tu rostro, y he aquí Dios me ha hecho ver también a tu descendencia. Entonces José los sacó de entre sus rodillas, y se inclinó a tierra.Y los tomó José a ambos, Efraín a su derecha, a la izquierda de Israel, y Manasés a su izquierda, a la derecha de Israel; y los acercó a él.Entonces Israel extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito. Y bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día, el Angel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes; y sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense en gran manera en medio de la tierra.» (Génesis 48:5-16 )

Por haber sido José un hijo especial para Jacob, los hijos de José fueron también especiales para su abuelo. Las notas de estudio de la Nueva Versión Internacional en cuanto a esta parte dicen que Jacob adoptó los dos hijos de José como sus propios hijos, y que al hacerlo dividió la herencia de José entre ellos en la tierra de Canaán. “Los dos primeros hijos de José adquieren, de ese modo, igualdad de condición que los primeros dos hijos de Jacob. Debido a un acto pecaminoso, Rubén perdió su derecho de primogenitura, el que pasó a José, hijo favorito de Jacob, y por ende, a los hijos de este.”

Todo esto se vuelve muy significativo más tarde en la historia de la nación de Israel, y hace que esta última escena con Jacob y sus nietos sea sumamente importante.

Quizás se deba a mi naturaleza práctica, pero yo veo también aquí algo de gran valor. Tiene que ver con el cómo y el dónde murió Jacob, en contraste con el cómo y el dónde morimos nosotros. Jacob murió en su propio lecho, en su casa. Es raro que esto suceda hoy en día. Estamos viviendo en tiempos extraños. El nacimiento se ha convertido más y más en un asunto familiar, muchas veces con toda la familia presente en el “cuarto de labor” cuando nace el bebé. ¡Un cambio admirable en comparación como eran las cosas antes! Por otra parte, la muerte ha sido relegada más y más al frío y a veces indolente cuidado de profesionales, y al árido ambiente de un movido hospital y, después, a la funeraria o a la capilla del cementerio. Sólo en los últimos años hemos comenzado a ver crecer movimientos, en algunos lugares llamados “hospicios”, en los que se permite a las personas pasar los últimos días o años de su vida en sus casas con las personas que aman, para ayudarlas y alentarlas en estos últimos días de su peregrinación terrenal.

Los hijos de José estuvieron con su abuelo cuando él se acercaba a esos momentos finales. Sintieron su mano en sus frentes, y escucharon sus tiernas y sabias palabras de bendición: “Que Dios bendiga la nación, así como Él los bendice a ustedes.” ¡Qué momento tan maravilloso! Quizás Manasés y Efraín estaban arrodillados junto a su abuelo. ¡Qué influencia tan benéfica para la vida de estos dos jóvenes!