Promesa final

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«Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y tomaron posesión de ella, y se aumentaron, y se multiplicaron en gran manera. Y vivió Jacob en la tierra de Egipto diecisiete años; y fueron los días de Jacob, los años de su vida, ciento cuarenta y siete años. Y llegaron los días de Israel para morir, y llamó a José su hijo, y le dijo: Si he hallado ahora gracia en tus ojos, te ruego que pongas tu mano debajo de mi muslo, y harás conmigo misericordia y verdad. Te ruego que no me entierres en Egipto. Mas cuando duerma con mis padres, me llevarás de Egipto y me sepultarás en el sepulcro de ellos. Y José respondió: Haré como tú dices. E Israel dijo: Júramelo. Y José le juró. Entonces Israel se inclinó sobre la cabecera de la cama.» (Génesis 47:27-31 )

Jacob le dijo a José: “Júramelo, prométeme esto;” “pon tu mano debajo de mi muslo, y júramelo.” No es raro hacer promesas a un moribundo. Eso todavía se hace hoy en día. Con frecuencia oigo hablar de un esposo que hace una promesa a su esposa moribunda, o de un joven que promete a su padre que está a punto de morir. Pero, ¿qué significaba este extraño gesto de colocar la mano debajo del muslo de la otra persona? ¿Qué quería decir eso?

Brown, Driver y Briggs, respetables autoridades en cuanto al texto hebreo, dicen que una promesa quedaba sellada cuando se ponía la mano por detrás o por debajo del muslo. José prometió hacer lo que su padre le pidió, y también lo indicó colocando simbólicamente su mano debajo del muslo de Jacob. Era una posición común en este tiempo para hacer un juramento.

“Prométeme, José, delante de nuestro Dios, que me enterrarás en la tierra de mi padre. Prométeme sepultarme en Canaán, la tierra de nuestra gente, no aquí en Egipto. Dios nos trajo a Egipto para salvarnos de la hambruna, pero yo quiero ser sepultado en la tierra de nuestros padres, junto con Abraham, Isaac y Lea. Llévame de vuelta allá. No me entierres en Egipto. Júramelo delante de Dios que eso no va a suceder.” Y José juró cumplir esta promesa a su padre.

José pudo haber puesto estas palabras en la tumba de Jacob: “Adoró.” Años antes, por supuesto, “Engañó,” habría sido más correcto, pero ahora que Jacob tenía casi un siglo y medio de edad, había aprendido mucho en su relación con Dios. Al final de su vida, uno de sus últimos actos fue adorar al Dios con el que había luchado y al que había servido. En su ancianidad le pidió a José que recordara que Canaán, no Egipto, era la tierra prometida, y por eso hizo que su hijo le prometiera enterrarlo finalmente allá.