Andar por fe

60634_N_02-07-13-0-10-43«Habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes.Y allí te alimentaré, pues aún quedan cinco años de hambre, para que no perezcas de pobreza tú y tu casa, y todo lo que tienes.He aquí, vuestros ojos ven, y los ojos de mi hermano Benjamín, que mi boca os habla.Haréis, pues, saber a mi padre toda mi gloria en Egipto, y todo lo que habéis visto; y daos prisa, y traed a mi padre acá. Y se echó sobre el cuello de Benjamín su hermano, y lloró; y también Benjamín lloró sobre su cuello. Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos; y después sus hermanos hablaron con él.Y se oyó la noticia en la casa de Faraón, diciendo: Los hermanos de José han venido. Y esto agradó en los ojos de Faraón y de sus siervos.Y dijo Faraón a José: Di a tus hermanos: Haced esto: cargad vuestras bestias, e id, volved a la tierra de Canaán; y tomad a vuestro padre y a vuestras familias y venid a mí, porque yo os daré lo bueno de la tierra de Egipto, y comeréis de la abundancia de la tierra. Y tú manda: Haced esto: tomaos de la tierra de Egipto carros para vuestros niños y vuestras mujeres, y traed a vuestro padre, y venid. Y no os preocupéis por vuestros enseres, porque la riqueza de la tierra de Egipto será vuestra. Y lo hicieron así los hijos de Israel; y les dio José carros conforme a la orden de Faraón, y les suministró víveres para el camino. A cada uno de todos ellos dio mudas de vestidos, y a Benjamín dio trescientas piezas de plata, y cinco mudas de vestidos. Y a su padre envió esto: diez asnos cargados de lo mejor de Egipto, y diez asnas cargadas de trigo, y pan y comida, para su padre en el camino. Y despidió a sus hermanos, y ellos se fueron. Y él les dijo: No riñáis por el camino. Y subieron de Egipto, y llegaron a la tierra de Canaán a Jacob su padre. Y le dieron las nuevas, diciendo: José vive aún; y él es señor en toda la tierra de Egipto. Y el corazón de Jacob se afligió, porque no los creía. Y ellos le contaron todas las palabras de José, que él les había hablado; y viendo Jacob los carros que José enviaba para llevarlo, su espíritu revivió.Entonces dijo Israel: Basta; José mi hijo vive todavía; iré, y le veré antes que yo muera.» (Génesis 45:10-28)

Si usted cree que va a llegar a ser alguien grande gracias a los logros que ha tenido, pero alberga actitudes negativas, le espera un golpe terrible. La grandeza llega con la dulce y espiritual actitud de la humildad y el perdón hacia los demás. José nos ofrece un magnífico ejemplo de esto. ¡Qué exquisito en su perdón, y qué generoso en su misericordia!

Es Dios quien puede transformar en bueno a un corazón. Cuando tengo una actitud incorrecta, miro la vida desde la perspectiva humana. Pero cuando tengo una actitud correcta, la miro desde la perspectiva divina. Esa es la verdadera belleza que hay en la vida de José. Ese es el fondo de la verdad que representa su vida. Él fue grande, básicamente por su actitud.

Hay varias lecciones específicas que surgen de esta verdad. Déjeme darle tres, por lo menos, para su consideración.

Primera: Cuando, por fe, yo sea capaz de ver el plan de Dios en mi situación, mi actitud será la correcta. Dios me ha enviado… Dios me ha enviado… Dios me ha enviado. Usted no será de utilidad para Él sino hasta que pueda descansar y ver a Dios en su situación presente. Una actitud teológica positiva hará maravillas en su latitud geográfica.

Segunda: Cuando, por fe, yo sea capaz de sentir la mano de Dios en mi situación, mi actitud será la correcta. No comenzaré el día con ira, diciendo: “¿Por qué tengo que estar en esta situación? Por el contrario, creeré que Él me hizo como soy, y que me puso donde estoy, para hacer lo que Él ha querido que yo haga.

Tercera: Cuando, por fe, yo sea capaz de aceptar tanto la ubicación como la situación como buenas, aunque haya habido algo malo en el proceso, mi actitud será la correcta. Cuando pueda decir, como José, “pero Dios lo encaminó para bien,” me habré convertido en un trofeo de la gracia divina.

José nos muestra que la única manera de encontrar felicidad en esta penosa vida, es por la fe. Una vida llena de fe hace toda la diferencia en la manera como vemos las cosas que nos rodean. Afectará nuestras actitudes hacia las personas, hacia la ubicación, hacia la situación, hacia las circunstancias, hacia nosotros mismos. Sólo entonces nuestros pies se dirigirán presurosos a hacer el bien.

¿Usted dice que quiere ser considerado grande algún día? Aquí tiene el secreto: ande por fe, confiando en que Dios le dará una nueva actitud.

La grandeza llega con la dulce y espiritual actitud de la humildad y el perdón.—Charles R. Swindoll