Examen final, segunda parte

biblia-575-shutterstock_87175915«José respondió: Nunca yo tal haga. El varón en cuyo poder fue hallada la copa, él será mi siervo; vosotros id en paz a vuestro padre.Entonces Judá se acercó a él, y dijo: Ay, señor mío, te ruego que permitas que hable tu siervo una palabra en oídos de mi señor, y no se encienda tu enojo contra tu siervo, pues tú eres como Faraón. Mi señor preguntó a sus siervos, diciendo: ¿Tenéis padre o hermano? Y nosotros respondimos a mi señor: Tenemos un padre anciano, y un hermano joven, pequeño aún, que le nació en su vejez; y un hermano suyo murió, y él solo quedó de los hijos de su madre; y su padre lo ama. Y tú dijiste a tus siervos: Traédmelo, y pondré mis ojos sobre él. Y nosotros dijimos a mi señor: El joven no puede dejar a su padre, porque si lo dejare, su padre morirá. Y dijiste a tus siervos: Si vuestro hermano menor no desciende con vosotros, no veréis más mi rostro. Aconteció, pues, que cuando llegamos a mi padre tu siervo, le contamos las palabras de mi señor.Y dijo nuestro padre: Volved a comprarnos un poco de alimento. Y nosotros respondimos: No podemos ir; si nuestro hermano va con nosotros, iremos; porque no podremos ver el rostro del varón, si no está con nosotros nuestro hermano el menor. Entonces tu siervo mi padre nos dijo: Vosotros sabéis que dos hijos me dio a luz mi mujer;y el uno salió de mi presencia, y pienso de cierto que fue despedazado, y hasta ahora no lo he visto. Y si tomáis también a éste de delante de mí, y le acontece algún desastre, haréis descender mis canas con dolor al Seol. Ahora, pues, cuando vuelva yo a tu siervo mi padre, si el joven no va conmigo, como su vida está ligada a la vida de él,sucederá que cuando no vea al joven, morirá; y tus siervos harán descender las canas de tu siervo nuestro padre con dolor al Seol.Como tu siervo salió por fiador del joven con mi padre, diciendo: Si no te lo vuelvo a traer, entonces yo seré culpable ante mi padre para siempre; te ruego, por tanto, que quede ahora tu siervo en lugar del joven por siervo de mi señor, y que el joven vaya con sus hermanos. Porque ¿cómo volveré yo a mi padre sin el joven? No podré, por no ver el mal que sobrevendrá a mi padre.» ( Génesis 44:17-34)

Esta fue la segunda parte del examen final de José. Primero fue la prueba vertical. ¿Habían llegado sus hermanos al punto en que podían ver la mano de Dios en su vida diaria? y sí; lo habían demostrado con su actitud. Luego vino la prueba horizontal. ¿A quién escogerían: a sí mismos o a Benjamín? ¿Se había producido algún cambio en sus corazones con el paso de los años?

José dijo, entonces: “Yo nunca los castigaría a todos ustedes por el delito de un solo hombre. La copa se encontró en poder de su hermano menor, y es a él a quien castigaré. Perderá su libertad, y se convertirá en mi esclavo. El resto de ustedes podrán regresarse en paz. Pueden regresar donde su padre.”

Después de este dictamen hubo unas palabras sorprendentes: “Permite ahora que tu siervo quede como esclavo de mi señor en lugar del muchacho, y que el muchacho regrese con sus hermanos. Porque, ¿cómo volveré yo a mi padre si el muchacho no está conmigo? ¡No podré, para no ver la desgracia que sobrevendrá a mi padre!” (Génesis 44:33, 34).

¿Se da cuenta usted de quién está diciendo esto? De nuevo, es Judá. Estas “insuperables” palabras provenían del mismo hombre que, 20 años atrás, propuso sin ningún remordimiento: “¡Ahí viene el de los sueños! Ahora pues, venid; matémoslo y echémoslo en una cisterna. Después diremos: ‘Alguna mala fiera lo devoró.’ ”

Poco después de esta insensible propuesta, razonó: “Qué provecho hay en matar a nuestro hermano y en encubrir su sangre? Venid, vendámoslo a los ismaelitas.”

Sin embargo, ahora está implorando por su hermano menor. Y también por su anciano padre.

Pocos años antes, a Judá no le había importado para nada lo que su padre pensaba, porque éste siempre había mostrado su favoritismo para con los hijos de Raquel. En realidad, la violencia y la crueldad que Judá y sus hermanos perpetraron contra José fue un acto indirecto cometido en contra de su propio padre.

Ahora, es nada menos este mismo hombre el que está mostrando una actitud sacrificial. “Hazme tu esclavo, pero deja que Benjamín vuelva a su casa. No puedo soportar el imaginar el dolor que esto le producirá a mi padre.” No, no es el mismo hombre; Judá ha cambiado.

De eso no hay duda. Todos sus hermanos estaban siendo transformados, y José lo reconoció. El arrepentimiento había hecho su obra.