Un reflejo de Cristo

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«Y se sentaron delante de él, el mayor conforme a su primogenitura, y el menor conforme a su menor edad; y estaban aquellos hombres atónitos mirándose el uno al otro. Y José tomó viandas de delante de sí para ellos; mas la porción de Benjamín era cinco veces mayor que cualquiera de las de ellos. Y bebieron, y se alegraron con él.» (Génesis 43:33-34 )

La vida de José ofrece una magnifica imagen de la gracia de Dios cuando Él vino a salvarnos en la persona de su Hijo Jesucristo. Son muchos los que vienen a Él, como los hermanos culpables de José, sintiendo la distancia y temiendo lo peor de Dios, pero Él les muestra su increíble generosidad y misericordia. En vez de ser culpados, somos perdonados. En vez de sentirnos culpables, somos liberados; y en vez de experimentar el castigo que sin duda merecemos, somos sentados en su mesa para ser servidos con más de lo que podremos jamás ingerir.

Para algunos, esto es demasiado irreal. Por tanto, abogamos por nuestro caso, pero el Señor nos habla tiernamente, prometiéndonos paz en nuestro propio idioma. Luego tratamos de detener su enojo razonando con Él, pensando que nuestro duro trabajo y nuestros sinceros esfuerzos compensarán ante Él todas las malas acciones del pasado de las cuales somos culpables. Pero, para nuestro estupor, Él nunca consideró dignos de mención nuestros esfuerzos. Lo que nosotros tenemos en mente era acumular suficientes méritos para acallar nuestros sentimientos de culpa, pero lo que Él tenía en mente era abrumarnos de manera tal que entendiéramos que jamás le podríamos pagar.

¡Qué hermosa representación de Cristo en la cruz, llevando los pecados que cometimos, perdonándonos de esa manera! ¿No es admirable esa gracia? Aquel que fue rechazado, es también aquel que va hasta lo último para que nos unamos de nuevo con Él.

Por eso el SEÑOR los espera, para tenerles piedad; por eso se levanta para mostrarles compasión. Porque el SEÑOR es un Dios de justicia ¡Dichosos todos los que en Él esperan! (Isaías 30:18, NV1).

¿Espera usted en el Señor? ¡Le tengo, entonces, una gran noticia! De un modo mucho mayor, mucho mayor de lo que podría usted imaginar, Él espera tener misericordia de usted. Le está ofreciendo todas las cosas que usted anhela. La mesa tiene comida a granel y Él está sonriendo, esperando que se siente y disfrute del banquete que ha preparado pensando en usted. Tome asiento, la gracia está servida.

¡Qué hermosa representación de Cristo en la cruz, nuestros pecados perdonados!—Charles R. Swindoll