Fortaleza para llorar

autocompasion«Y llevó aquel varón a los hombres a casa de José; y les dio agua, y lavaron sus pies, y dio de comer a sus asnos.Y ellos prepararon el presente entretanto que venía José a mediodía, porque habían oído que allí habrían de comer pan.Y vino José a casa, y ellos le trajeron el presente que tenían en su mano dentro de la casa, y se inclinaron ante él hasta la tierra.Entonces les preguntó José cómo estaban, y dijo: ¿Vuestro padre, el anciano que dijisteis, lo pasa bien? ¿Vive todavía? Y ellos respondieron: Bien va a tu siervo nuestro padre; aún vive. Y se inclinaron, e hicieron reverencia. Y alzando José sus ojos vio a Benjamín su hermano, hijo de su madre, y dijo: ¿Es éste vuestro hermano menor, de quien me hablasteis? Y dijo: Dios tenga misericordia de ti, hijo mío.Entonces José se apresuró, porque se conmovieron sus entrañas a causa de su hermano, y buscó dónde llorar; y entró en su cámara, y lloró allí.» (Génesis 43:24-30 )

De repente, este gran hombre, este fuerte y eficiente primer ministro de una nación poderosa, se derrumba por dentro. Al igual que el resto de nosotros, los grandes hombres y mujeres tienen momentos en su vida cuando les resulta imposible contener sus emociones.

Pierden la serenidad, y quedan a merced de sus sentimientos. Esto fue lo que le sucedió a José cuando llegó el largamente esperado momento. En esos sagrados momentos nos quedamos sin palabras. Muchas veces necesitamos estar solos para recuperar la calma. Y José así lo hizo.

“Entonces José se dio prisa, porque se conmovió profundamente a causa de su hermano y estuvo a punto de llorar. Entró en su habitación y lloró allí” (Génesis 43:30).

¿Puede usted imaginar la escena? De pronto, el apuesto y confiado líder de millones de personas se va corriendo a su habitación y se derrumba en sollozos. Recuerda todos aquellos años.Toda la soledad. Toda la separación. Todos los momentos, los cumpleaños y ocasiones especiales sin su familia. Era demasiado para poder contenerse, como un río que se precipita en un lago, desbordando una represa. Las lágrimas corren, y exhala grandes sollozos. De repente, fue como un niñito que extrañaba a su padre.

Ha habido momentos en mi vida en los que he tenido dudas, en los que he tropezado contra grandes grietas que aparecieron en mi mundo. He tenido momentos en los que me he metido en la cama llorando, clamando a Dios, lo mismo que usted. Así es la vida, cuando uno decide ser auténtico, en vez de proteger una imagen de confianza. Es consolador saber que no somos los únicos que hemos tenido momentos así, ¿verdad?

Es cierto que José era un hombre grande y poderoso, pero también era un ser humano auténtico con emociones humanas auténticas, que podía apartarse del poder y tener la fortaleza para derramar su corazón en llanto.