Dirección divina

frrme-prayers-healing-1024x768«El hambre era grajo: No veréis mi rostro si no traéis a vuestro hermano con vosotros. Dijo entonces Israel: ¿Por qué me hicisteis tanto mal, declarando al varón que teníais otro hermano? Y ellos respondieron: Aquel varón nos preguntó expresamente por nosotros, y por nuestra familia, diciendo: ¿Vive aún vuestro padre? ¿Tenéis otro hermano? Y le declaramos conforme a estas palabras. ¿Acaso podíamos saber que él nos diría: Haced venir a vuestro hermano?Entonces Judá dijo a Israel su padre: Envía al joven conmigo, y nos levantaremos e iremos, a fin de que vivamos y no muramos nosotros, y tú, y nuestros niños. Yo te respondo por él; a mí me pedirás cuenta. Si yo no te lo vuelvo a traer, y si no lo pongo delante de ti, seré para ti el culpable para siempre; pues si no nos hubiéramos detenido, ciertamente hubiéramos ya vuelto dos veces. Entonces Israel su padre les respondió: Pues que así es, hacedlo; tomad de lo mejor de la tierra en vuestros sacos, y llevad a aquel varón un presente, un poco de bálsamo, un poco de miel, aromas y mirra, nueces y almendras. Y tomad en vuestras manos doble cantidad de dinero, y llevad en vuestra mano el dinero vuelto en las bocas de vuestros costales; quizá fue equivocación.» ( Génesis 43:1-12 )

Judá le habló claro. “No puedes continuar demorando y negando la situación. Yo me responsabilizaré por la vida de Benjamín. Si algo le sucede a él, cargaré con las consecuencias el resto de mi vida. Vamos, papá, coopera. Si no nos hubiéramos demorado tanto, ya habríamos vuelto dos veces con comida.”

Judá se ofreció a tomar la culpa, pues responsabilizar a los demás es un ejercicio infructuoso. Gritarle a la oscuridad no hace que esta se convierta en luz. Pero nos gusta culpar a otros. “Papá”, dijo Judá, “si quieres culpar a alguien, échame la culpa a mí. Pero deja ir a Benjamín. ¡Hombre, aquí nos estamos muriendo de hambre!”

El viejo Jacob accedió de muy mala gana. Reaccionó con lo que yo llamaría tolerancia y dudas. Primero se negó y le dio largas al asunto. Después vinieron la culpa y la falta de sinceridad. Y ahora, por último, la tolerancia y las dudas. ¡El hombre era un hueso duro de roer!

Quizás su respuesta fue más o menos así: “Bueno, está bien. Si tienen que hacerlo, entonces este es el procedimiento que quiero que sigan.” ¿Ve su actitud? Y luego vuelve a otra vieja costumbre. Les ordena que lleven regalos, cosas que se producían en Canaán. Si Jacob hubiera vivido en los tiempos de Salomón, hubiera podido reivindicar para sí Proverbios 21:14 que dice: “El regalo en secreto calma la ira; y el obsequio a escondidas, el fuerte furor.”

Años antes, él había hecho lo mismo con su hermano, Esaú, y le había funcionado, y era posible que funcionara también ahora con el primer ministro de Egipto.

Jacob era capaz de maquinar toda clase de planes, pero todavía se negaba a ver la mano de Dios actuando. No fue capaz de decir: “Oigan, muchachos, no sabemos lo que significa todo esto, pero lo que sí sabemos es que estamos desconcertados y que necesitamos de la ayuda de Dios. Confiemos en que Él nos protegerá y nos hará entender esto. Pidámosle dirección en cuanto a qué debemos hacer.”

Padres, este el momento apropiado para instarlos a reunirse con sus hijos para orar. “Oigan, chicos, vamos a orar por esto antes de que nos levantemos de la mesa.” O, “Vamos a dedicar un tiempo este sábado en la mañana para pedirle a Dios que nos dé su dirección en esta situación, porque no sabemos qué hacer.” Quizá un hijo o una hija suya están a punto de convertirse en unos rebeldes. Escúchelos. Escúchelos por más tiempo del que acostumbra. Haga el mayor esfuerzo por no interrumpir. Reconozca cuando no tiene la seguridad de cómo debe responder. Después de esto, siéntense y oren juntos, pidiendo la dirección de Dios.