Una perspectiva horizontal

Peticiones--element50«Y venidos a Jacob su padre en tierra de Canaán, le contaron todo lo que les había acontecido, diciendo:Aquel varón, el señor de la tierra, nos habló ásperamente, y nos trató como a espías de la tierra. Y nosotros le dijimos: Somos hombres honrados, nunca fuimos espías. Somos doce hermanos, hijos de nuestro padre; uno no parece, y el menor está hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán. Entonces aquel varón, el señor de la tierra, nos dijo: En esto conoceré que sois hombres honrados: dejad conmigo uno de vuestros hermanos, y tomad para el hambre de vuestras casas, y andad, y traedme a vuestro hermano el menor, para que yo sepa que no sois espías, sino hombres honrados; así os daré a vuestro hermano, y negociaréis en la tierra. Y aconteció que vaciando ellos sus sacos, he aquí que en el saco de cada uno estaba el atado de su dinero; y viendo ellos y su padre los atados de su dinero, tuvieron temor. Entonces su padre Jacob les dijo: Me habéis privado de mis hijos; José no parece, ni Simeón tampoco, y a Benjamín le llevaréis; contra mí son todas estas cosas. Y Rubén habló a su padre, diciendo: Harás morir a mis dos hijos, si no te lo devuelvo; entrégalo en mi mano, que yo lo devolveré a ti. Y él dijo: No descenderá mi hijo con vosotros, pues su hermano ha muerto, y él solo ha quedado; y si le aconteciere algún desastre en el camino por donde vais, haréis descender mis canas con dolor al Seol. » (Génesis 42:29-38 )

Cuando Jacob supo lo que había sucedido, al anciano caballero lo embargó el temor. En lugar de decir: “Gracias a Dios, porque Él está actuando, nos ama y está pendiente de nosotros. Todos estamos seguros por su protección”, reaccionó de manera negativa y horizontal.

Sus hijos habían regresado no sólo con la comida que necesitaban, sino también con todo su dinero. Habían recibido gratis el trigo de Egipto. Lo único que el primer ministro les había pedido era que para demostrar que no eran unos espías, volvieran con su hermano menor y dejaran a Simeón como rehén. Pero Jacob no vio nada de esto como provisión divina. El temor lo paralizó y se concentró en el peor de los escenarios.

Tan pronto se enteró de que ellos habían dejado a su hermano en Egipto, concluyó precipitadamente que Simeón estaba muerto. “Simeón está muerto. Simeón está muerto. Todo está en mi contra”, profirió entre gemidos. Comenzó a padecer de paranoia sentir auto conmiseración. “Todas las cosas en contra de mí.”

Lo último que yo sabía, es que Jacob debía ser el patriarca del clan, el líder espiritual. Pero, al echar una rápida mirada tras bastidores, al introducirnos a hurtadillas por la puerta posterior de su tienda, vemos a Jacob tal como en realidad es.

Una cosa es sentarse con la Biblia en la mano y leer la historia, sabiendo lo que será el final y decir con indiferencia: “Te diré esto: seguro que yo no habría hecho eso. Yo habría confiado en Dios de haber estado en la misma situación.” Pero, ¿de veras lo habría hecho? Bien, ¿por qué, entonces, no confió en Él la semana pasada? ¿Qué fue lo que le impidió ver la mano de Dios en el asunto que no podía manejar el mes pasado? Recuerde la reciente gran prueba que tuvo. ¿Descansó usted calmadamente en Él? ¿O el temor lo puso histérico?

Una manera de pensar negativa, una perspectiva horizontal, una mente cerrada a algo inesperado y nuevo. Esa es la razón por la que tenemos la tendencia a llenarnos de pánico. Porque, hablando humanamente, usted y yo nos hemos programado para la derrota. Nos hemos formado hábitos de respuesta que dejan a Dios fuera del juego. No lo decimos, en realidad, con esas palabras, sino que simplemente lo demostramos y lo justificamos llamándolo de otra manera. ¿No nos produce un gran alivio saber que Dios no ha puesto nuestra biografía por escrito?

Recuerde la reciente gran prueba que tuvo. ¿Descansó usted calmadamente en Él?—Charles R. Swindoll