El Día Intermedio

5be606ed9fbe489f8af7b95e2a8e7a1c«Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen.Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes? Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días? Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron.Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro; y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive.Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.Entonces él les dijo: !!Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían. «Lucas 24:13-27 )

  «El juicio de este mundo ha llegado ya, y el príncipe de este mundo va a ser expulsado. Pero yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo.Con esto daba Jesús a entender de qué manera iba a morir.»(Juan 12:31-33 )

 

Resulta que los gallos no observan el día de reposo.

Pedro debió haberse despertado el sábado por la mañana, oyendo el estruendoso, repetitivo y humillante recordatorio de la negación que hizo de Jesús—y el recuerdo de la mirada penetrante del Salvador. La realidad de enfrentar cada mañana por el resto de su vida con un atormentador recuerdo de su fracaso debió parecer insoportable. Justo cuando Pedro pensaba que no podía llorar más, las lágrimas amargas deben haber brotado de nuevo corriendo por una cara arrugada por el remordimiento.

Sin duda que el sábado pasó arrastrando los pasos en los pensamientos de los discípulos de Jesús. El sabbat no permitía trabajo ni actividad considerable. Era como si la ley de Dios los obligara a quedarse sentados y a pensar . . . y lamentar sus fracasos. La cruz los había arrojado al horrible rostro de sus erróneas esperanzas de gloria.

Jesús pronto les mostraría que el Mesías no falló en cumplir con sus expectativas. ¡Al contrario! Sus propias expectativas les habían fallado. Los destrozados discípulos habían levantado sus esperanzas en sus sueños de gloria y grandeza y no en lo que Jesús les había dicho. La grandeza a los ojos de Dios viene de vivir con un corazón de siervo—la clase de vida que Jesús había modelado en Su vida y en Su muerte. Aunque caminaron los pasos de Jesús por años, habían fallado en escuchar Sus palabras. Inclusive, habiendo estado en el aposento alto con Jesús  y habiendo comido del cordero Pascual, ésto no les había abierto los ojos. Se necesitó la cruz.

Jesús claramente predijo Su muerte a Sus hombres—y todo se desarrolló con la exacta precisión que Él predijo. Pero Su muerte no fue todo lo que prometió. Ésta fue sólo el principio.

Al crear el mundo, Dios dejó de trabajar el sabbat, o sábado. Eso significa que Dios empezó la creación un domingo por la mañana, el mismo día en que Jesús resucitó de los muertos. A la mañana siguiente, mientras el sol perforaba las tinieblas, el gallo de Pedro volvería a cantar, anunciando un nuevo día muy, pero muy diferente.