El Muro de los Lamentos

the_cross_162«Comenzó Salomón a edificar la casa de Jehová en Jerusalén, en el monte Moriah, que había sido mostrado a David su padre, en el lugar que David había preparado en la era de Ornán jebuseo. Y comenzó a edificar en el mes segundo, a los dos días del mes, en el cuarto año de su reinado. Estas son las medidas que dio Salomón a los cimientos de la casa de Dios. La primera, la longitud, de sesenta codos, y la anchura de veinte codos. El pórtico que estaba al frente del edificio era de veinte codos de largo, igual al ancho de la casa, y su altura de ciento veinte codos; y lo cubrió por dentro de oro puro. Y techó el cuerpo mayor del edificio con madera de ciprés, la cual cubrió de oro fino, e hizo realzar en ella palmeras y cadenas. Cubrió también la casa de piedras preciosas para ornamento; y el oro era oro de Parvaim. Así que cubrió la casa, sus vigas, sus umbrales, sus paredes y sus puertas, con oro; y esculpió querubines en las paredes. Hizo asimismo el lugar santísimo, cuya longitud era de veinte codos según el ancho del frente de la casa, y su anchura de veinte codos; y lo cubrió de oro fino que ascendía a seiscientos talentos. Y el peso de los clavos era de uno hasta cincuenta siclos de oro. Cubrió también de oro los aposentos. Y dentro del lugar santísimo hizo dos querubines de madera, los cuales fueron cubiertos de oro. La longitud de las alas de los querubines era de veinte codos; porque una ala era de cinco codos, la cual llegaba hasta la pared de la casa, y la otra de cinco codos, la cual tocaba el ala del otro querubín. De la misma manera una ala del otro querubín era de cinco codos, la cual llegaba hasta la pared de la casa, y la otra era de cinco codos, que tocaba el ala del otro querubín. Estos querubines tenían las alas extendidas por veinte codos, y estaban en pie con los rostros hacia la casa. Hizo también el velo de azul, púrpura, carmesí y lino, e hizo realzar querubines en él. Delante de la casa hizo dos columnas de treinta y cinco codos de altura cada una, con sus capiteles encima, de cinco codos. Hizo asimismo cadenas en el santuario, y las puso sobre los capiteles de las columnas; e hizo cien granadas, las cuales puso en las cadenas. Y colocó las columnas delante del templo, una a la mano derecha, y otra a la izquierda; y a la de la mano derecha llamó Jaquín, y a la de la izquierda, Boaz.»( 2 Crónicas 3: 1-17 )

 «[a]El comandante Rejum y el escriba Simsai escribieron una carta contra Jerusalén al rey Artajerjes, de esta manera. Entonces escribieron el comandante Rejum, el escriba Simsai y sus demás compañeros: los jueces, los oficiales, los funcionarios persas, los de Erec, de Babilonia, de Susa (esto es, los elamitas),  y del resto de las naciones que el grande y glorioso Asnapar llevó cautivos y los hizo habitar en la ciudad de Samaria y en otras de la región de Más Allá del Río.  Esta es la copia de la carta que le enviaron:Al rey Artajerjes, de tus siervos, la gente de Más Allá del Río.Ahora,  sepa el rey que los judíos que han venido de ti a nosotros han llegado a Jerusalén y están reedificando la ciudad rebelde y perversa. Están restaurando los muros y reparando los cimientos.Sepa ahora el rey que si esa ciudad es reedificada y los muros son restaurados, ellos no pagarán tributos ni impuestos ni rentas, y el tesoro real será perjudicado.» (Esdras 4: 8-13)

Footnotes: Esdras 4:8 Lit., mano de David; cf. 1 Crón. 25:1, 2

   «Los profetas Hageo y Zacarías hijo de Ido profetizaron a los judíos que estaban en Judá y en Jerusalén, en el nombre del Dios de Israel, que estaba sobre ellos. Entonces se levantaron Zorobabel hijo de Salatiel y Jesúa hijo de Josadac, y comenzaron a reedificar la casa de Dios en Jerusalén, y con ellos estaban los profetas de Dios que los apoyaban. » ( Esdras 5: 1-2 )

Para el pueblo judío, no hay un lugar más preciado en toda Jerusalén. Después de que el pueblo cayera en cautiverio en el año 586 a. C., pronunciaron un juramento frente a los ríos de Babilonia donde prometieron recordar y nunca olvidar su amada Jerusalén. Y nunca lo han hecho.

Para el judío devoto de la actualidad, nada es más sagrado que el Muro de los Lamentos en el monte del Templo de Jerusalén. Ese muro representa una porción de la pared original donde se encontraba el segundo templo. El primer templo fue destruido cuando los babilonios invadieron la tierra en el año 586 a. C. El segundo templo, construido por Zorobabel y luego ampliado por Herodes, fue el templo que Jesús conoció. Ese templo hecho de mármol, caliza y oro era más alto que un edificio de 15 pisos. Podía acomodar a cientos de miles de peregrinos. Era dos veces más grande que el templo más grande construido en Roma. Era claramente la construcción más impresionante en esa época. Los romanos lo destruyeron en el año 70 d. C.

En la actualidad, lo que queda es un muro de casi 460 metros cerca del área denominada, el Lugar Santísimo, donde residía la gloria de Dios, Su shekiná. Esa sección externa del muro es el lugar donde los judíos devotos recuerdan el pasado y añoran la reconstrucción de un templo. Mientras oran con su movimiento característico, miran hacia el muro como intentando estar lo más cerca posible del lugar donde la gloria de Dios se encontraba. Tristemente, se paran en nueve metros de ruinas de aquel templo destruido que ellos lamentan.